04 de septiembre

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán”
(Lc 5, 33 -39)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Los fariseos cumplidores y fieles observantes de la ley, se sorprenden al ver que los discípulos de Jesús no ayunan, mientras que los discípulos de Juan, y también los discípulos de los fariseos sí ayunan y oran. Por eso se atreven a decir a Jesús: tus discípulos en cambio comen y beben. El ayuno de los discípulos de Juan Bautista tiene sentido porque es con miras al Reino que viene, y la respuesta que da Jesús a los fariseos, se comprende teniendo presente que Jesús es la presencia viva del Reino, y está ahí en medio de sus discípulos, él es la figura del novio, la figura de la Nueva Alianza. Y les anticipa que llegará el día en que se les arrebatará el Novio, entonces será ahí cuando ellos ayunen, y así podríamos comprender el ayuno, no solo como sufrimiento por su ausencia, sino también como una actitud de esperanza en que el Novio, es decir Jesús, resucitará.

Reflexionemos:

El Papa Francisco, decía: “Si vamos por el camino de Jesús, es para hacer algo, esta es la misión”. Es una secuencia que se repite también cuando vamos a orar; nuestra oración debe tener estos tres momentos: La escucha de su Palabra, estar dispuestos a dejar algo y alabar a Dios. Si bien el ayuno de alimentos, nos ayudan a solidarizarnos con quienes pasan hambre, no debemos olvidar hacer ayuno de lengua, es decir, de criticar, calumniar y murmurar dañando la fama del prójimo.

Oremos:

Señor Jesús, danos un corazón nuevo y abierto a tu gracia. Que no nos quedemos aferrados a lo viejo, sino que sepamos recibir tu alegría como un vino nuevo en nuestra vida, listos siempre para celebrar tu presencia y caminar contigo cada día. Amén.

Actuemos:

Dejemos atrás las viejas estructuras religiosas basadas solo en normas rígidas y tristeza.

Recordemos:

“¡A vino nuevo, odres nuevos!” (Lc 5, 38).

Profundicemos:

A través de la metáfora del novio, los vestidos y los odres nuevos, se explica que la gracia no se encierra en tradiciones rígidas, sino que exige un corazón transformado y abierto.

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