
Queridos amigos, hay una realidad que nos toca profundamente y nos hace inseparable de quien es nuestro principio y fin, que nos mantiene estrechamente unidos a Dios y a los hermanos, y es la experiencia del amor, de saber que alguien nos amó primero y nos ha dotado de esa capacidad de trascender y amar sin límites ni condicionamientos y nos ha dejado libres para conformar un nosotros, llamados comunidad de amor. Ahora detengámonos en el evangelio, el cual inicia diciendo que: “Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” y la respuesta de Jesús es: “El primero es: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser” pero a éste mandato le antecede la expresión “escucha, que en hebreo es Shemá, Israel”, una expresión que manifiesta el amor a Dios y el amor al prójimo, ya que cuando abrimos los oídos para escuchar, abrimos también el corazón para acoger, conocer, comprender, entrar en comunión y participar de la realidad de quien tengo cerca. Luego dice Jesús, el segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Siempre para nosotros mismos procuramos el mayor bien, por eso Jesús nos manda a hacer concreto esos gestos de amor, justicia, ternura e igualdad con el prójimo, porque solo así podemos hacer tangible y visible el amor a Dios a quien no vemos en el rostro del hermano que encontramos a nuestro paso. Cuando amamos nos llenamos de ternura y dentro de nosotros nace el deseo de hacer feliz a la persona amada, desbordándonos en cuidados y atención para con el otro, cuanto más hace Dios por nosotros y cada día que vivimos estamos llamados a recordar que Dios nos ama de manera incondicional y por tanto debemos ser hombres y mujeres generadores de vida, amar sin medida.
“Amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”, porque si decimos que amamos a Dios, pero aborrecemos a la persona que está a nuestro lado, somos unos mentirosos, porque la presencia divina se hace tangible en el rostro de aquel que camina a nuestro lado…Preguntémonos: ¿Cómo es mi manera de amar? ¿hago tangible mi amor en una vida de servicio y entrega generosa a los demás sin hacer discriminación de personas?
Dios de bondad, reconozco mis límites para amar en todo tiempo, lugar y circunstancia, pero creo en tú misericordia; me abandono en ti y pido la gracia de tu Santo Espíritu para que tú ames en mí. Amén.
Me empeñaré en ser más coherente cuando digo que amo a Dios y seré más libre en servir a los demás.


