04 de febrero

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

"Se extrañaba de su falta de fe"
(Mc 6, 1-6)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Este evangelio es una radiografía del corazón humano: Jesús llega a su propio pueblo, el lugar donde debería sentirse acogido, y es precisamente allí donde encuentra rechazo. Los suyos creen conocerlo demasiado, y esa falsa seguridad les impide abrirse a lo nuevo de Dios. Les cuesta aceptar que Dios pueda hablar a través de lo cotidiano, de alguien simple, sin apariencias de grandeza. Cuántas veces también nosotros limitamos a Jesús porque lo reducimos a una idea, a un recuerdo, a lo que creemos saber de Él. No le permitimos sorprendernos, actuar en lo inesperado, manifestarse donde no lo imaginábamos. La incredulidad de Nazaret nos cuestiona: ¿cuántas bendiciones se frenan en nuestra vida por falta de apertura, por prejuicios, por miedo a que Dios intervenga de maneras distintas a nuestras expectativas? Jesús quiere obrar, pero necesita un corazón dispuesto. Él no fuerza la puerta; respeta nuestra libertad, incluso cuando le cerramos el paso. Hoy la Palabra nos invita a reconocer que la fe no es sentir, ni entenderlo todo, sino abrir espacio al Dios que actúa donde menos pensamos. A veces el milagro no llega porque no le dejamos entrar. Y Jesús sigue recorriendo nuestras “Nazarets”, esperando que un día lo miremos sin prejuicios y con un corazón capaz de creer. La familiaridad puede volvernos ciegos a la presencia de Dios. El mayor obstáculo para el milagro no es el pecado, sino la incredulidad. Jesús pasa por nuestra vida, pero no siempre lo reconocemos. La fe abre ventanas donde el miedo cierra puertas. Creer es dejar que Dios sea Dios, no limitarlo a nuestras ideas.

Reflexionemos:

¿Qué prejuicio o temor me impide reconocer a Jesús en mi realidad cotidiana?¿En qué aspecto de mi vida necesito abrirme más para que Él pueda actuar?¿Estoy dispuesto a dejar que Dios me sorprenda fuera de mis esquemas?

Oremos:

Señor Jesús, quita los prejuicios de mi corazón y enséñame a creer que tu caminas siempre a mi lado, me fortaleces y sustentas a cada momento con tu gracia. Amén.

Recordemos:

"Nadie es profeta en su tierra."

Profundicemos:

La falta de fe bloquea la acción de Dios en nuestra vida cotidiana.

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Al eco de su voz renace la esperanza

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