
“Te seguiré adondequiera que vayas”. Jesús le respondió:” Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». No nos corresponde “autollamarnos” para seguir a Jesús y ponerle condiciones, porque quien llama es el Señor, y seguirle implica tener nuestra confianza plena en él, aceptando que el camino no es llano, que implica renuncias, y saber asumir los momentos duros y difíciles que son parte de la vida, pero que son más llevaderos, cuando no prescindimos de Dios. La iniciativa de seguir a Jesús no es nuestra, es suya, y cuando nos llama a seguirle, nos concede las gracias y medios necesarios para responderle con generosidad y confianza. A Jesús hay que seguirlo ligeros de equipaje, asumiendo la pobreza, evitando aburguesarnos, buscando seguridad, protagonismo, comodidad, bienestar o privilegios. El seguimiento de Jesús es incompatible con la búsqueda de poder. Sus exigencias las tenemos aquí y son radicales.
En nuestra vida de cristianos, necesitamos despojarnos de lo que no viene de Dios: orgullo, prepotencia, búsqueda de privilegios y el creer que tenemos la última palabra. Preguntémonos. ¿Le pedimos a Dios la fuerza para salir al encuentro de los más pobres y desfavorecidos?
Señor Jesús, dame la gracia de seguirte sin reservas ni excusas. Ayúdame a poner mi mano en el arado sin mirar atrás, a priorizar tu Reino por encima de mis comodidades y a anunciar tu amor con un corazón fiel y disponible hoy. Amén.
El compromiso del texto de hoy se define como un seguimiento radical, inmediato e incondicional a Jesucristo, el cual exige priorizar el Reino de Dios por encima de la seguridad material, las obligaciones sociales y los lazos afectivos o familiares.
Jesús le respondió: “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios” (Lc 9, 62).
Jesús advierte que seguirlo implica estar dispuestos a la incomodidad material, dar al Reino de Dios absoluta prioridad por encima de los lazos familiares y mantener un compromiso firme y constante sin mirar atrás.


