30 de junio

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar, y vino una gran calma”
(Mt 8, 23-27)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

En el mundo en que vivimos nos vemos enfrentados a peligros de numerosas índoles y muchas veces la zozobra nos acobarda. Pero en la palabra que hoy se nos ha proclamado tenemos la certeza de que Jesús está con nosotros y Él tiene el control de nuestra barca. Muchas veces sentimos que el Señor duerme cuando más lo necesitamos. Buscamos hacer el bien que podemos cada día, dar testimonio de nuestra fe, realizar algún servicio a los necesitados. Pero muchas veces nos encontramos en el camino únicamente con vientos contrarios. Y en más de una ocasión, la tormenta se ha levantado en torno a nuestra barca. Pero Jesús está ahí. Aunque todo esté oscuro, Él nunca abandona. Aunque todo parezca que no hay ningún punto seguro, Él permanece para siempre. Jesús mismo no permitirá que nos ahoguemos en este mar. Él es nuestro apoyo y nuestra seguridad. Es normal tener temor en la tormenta. Jesús no nos pide ser insensibles, pero sí pide que nuestra fe sea más grande que el miedo. Nos pide que confiemos en Él, pues su presencia nos basta en la dificultad. Confiar en Jesús es luchar, incluso, en las tormentas. Confiar en Jesús significa mantener viva la esperanza. Él, tarde o temprano, despertará; y entonces llegará una gran bonanza.

Reflexionemos:

Jesús duerme en una barca cuando se desata una tormenta. Los discípulos, aterrorizados de ahogarse, lo despiertan. Él reprende su poca fe y calma el mar con una orden, dejando a todos maravillados de que hasta el viento le obedezca. Preguntémonos: ¿Cuáles son las tormentas que actualmente amenazan mi vida y me hacen sentir que me estoy hundiendo? ¿Cómo vivo el silencio de Dios en los momentos de mayor angustia?

Oremos:

Señor Jesús, al igual que tus discípulos, a veces me encuentro en medio de la barca de mi vida sintiendo que las olas de la incertidumbre y los problemas me cubren. Ayúdame a recordar que, aunque las tempestades sean fuertes, tú viajas conmigo y tienes el control sobre todo lo que me agita. Amén.

Actuemos:

Mantengamos una fe inquebrantable y confiemos plenamente en Jesús durante las tormentas o dificultades de la vida.

Recordemos:

Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”. Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma (Mt 8, 26).

Profundicemos:

La fe y la confianza en Dios deben ser más grandes que nuestros miedos.

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