30 de abril

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“El que recibe a quien yo envíe me recibe a mí”
(Jn 13, 16-20)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Este Evangelio se centra en la humildad, en el ejemplo de Cristo y en la responsabilidad que tenemos de ser sus discípulos. Jesús dice: “El que es más pequeño entre ustedes, ese es el más grande”. Nos enseña que la verdadera grandeza se mide por el servicio hacia los demás, no por el poder o la autoridad que se muestra. Esto se diferencia con las expectativas humanas de prestigio y dominio que muchas veces nos acompañan. Obedecer sus mandamientos es signo de felicidad y sabiduría. Jesús reconoce que algunos lo traicionarán, cumpliendo así la Escritura, mostrando que la misión divina puede involucrar sufrimiento y oposición. Igualmente, recalca la conexión entre fe, obediencia y conocimiento de la verdad. Jesús dice también: “El que recibe al que yo envío, a mí me recibe”. Cada discípulo debe convertirse en portador de la misión de Cristo, transmitiendo su palabra y su presencia. Recibir a los enviados de Jesús es participar en su obra aceptando que son enviados por Dios. Por tanto, están en comunión con Él. La verdadera grandeza se encuentra en servir y no en dominar. Obedecer la palabra de Jesús conduce a la fe verdadera. Los discípulos son llamados a continuar la misión de Cristo, y quien lo recibe, recibe a Dios mismo. Jesús en definitiva nos enseña que el servicio es el núcleo de la verdadera felicidad cristiana, no el poder. Nos invita a imitar su humildad, siendo enviados a servir en lugar de ser servidos. La fidelidad al mensaje, incluso ante la traición, garantiza la unión con Dios.

Reflexionemos:

¿Nos dejamos interpelar por la Palabra que nos invita a vivir con humildad, a obedecer y a ser testigos de Jesús en el mundo, siguiendo su ejemplo de servicio y entrega?

Oremos:

Señor Jesús, ayúdame a comprender el mandamiento del amor, a servir a mis hermanos con amor y humildad, para ser testigo de tu amor en el mundo. Ayúdame a serte fiel para que, al servir a los demás, te esté sirviendo a ti y al Padre que te envió. Amén.

Actuemos:

Encuentro la felicidad profunda, no en la comodidad, sino en la entrega de la propia vida al servicio de los demás, con alegría y paciencia.

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