03 de marzo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Ellos dicen, pero no hacen”
(Mt 23, 1-12)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

La liturgia de la Palabra en la proclamación del Evangelio del día de hoy presenta una experiencia humana muy difícil de mantener desde el equilibrio perfecto y ecuánime: el testimonio de vida entre lo que se dice y se hace. La distancia entre la vida y lo que se dice es la crítica que hace Jesús a escribas y fariseos hoy en el Evangelio. Los grandes maestros de la ley que visibilizaban la práctica del judaísmo como institución religiosa de la época “dicen, pero no hacen”. Sin embargo, la contradicción indicada por el Evangelio no solo está en decir y no hacer, sino en la forma como esta realidad se hace acción y se impone como carga o modo aparente de vida, desvirtuando en sí la esencia de la práctica: “todo lo que hacen es para que los vea la gente”. Se busca la apariencia, pero no la esencia, y nuestro mundo actual sí que busca visibilizar la realidad de los falsos maestros, especialmente cuando los propone como modelos perfectos: “les gusta los primeros puestos”. El reconocimiento es bueno, y da satisfacción. Sin embargo, en la persona de Jesús todas estas formas de vida que llevan los falsos maestros tienen otro modo y otro estilo, el del servicio, de hecho. “Se quita el manto y se pone a lavarles los pies a sus discípulos”. Esta expresión de servicio es lo que escucharemos en la celebración del misterio del Triduo Pascual. De fondo, en la práctica de nuestra vida cristiana hoy se nos invita a vivir la experiencia del testimonio, porque nuestras acciones dicen más que mil palabras. Quien ve con claridad y coherencia de vida entiende, porque los grandes maestros lo han sido por su vida de entrega junto a sus discípulos, y no por las horas de cátedra impartida. Se trata de conjugar en la vida algo que vaya más allá de la ley, para que la perfección no sea solo el cumplimiento de la norma sino la vida misma.

Reflexionemos:

En mi familia, en mi trabajo, en mi entorno social y eclesial, ¿cómo vivo esta experiencia de vida llamada testimonio? ¿Qué se hace fácil en esta práctica de vida cristiana y qué se hace difícil?

Oremos:

Señor Jesús, concédeme la gracia de ser luz a través de mi vida, que viva el servicio como don entre quienes lo necesitan, que no busque ser recompensado, que mis manos estén siempre abiertas para acoger. Dame tu gracia, para que sepa amar, dejando a un lado toda vanidad y deseo de aparecer. Que el amor me lleve a cumplir mi misión para que otros puedan experimentar la alegría de tu presencia. Amén.

Actuemos:

Junto a los míos y en mi iglesia local, doy gracias a Dios por las personas que son testimonio para mi vida, mi vocación, mi profesión.

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