
Al día siguiente de su enfrentamiento con las autoridades, el Bautista ve a Jesús y proclama su identidad: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Estas palabras de Juan nos revelan que Jesús es el Salvador de la Humanidad y del cosmos; y Jesús mismo lo confirmará diciendo: “Y yo, cuando sea levantado, en alto atraeré a todos hacia mí”. El evangelio de hoy nos regala el testimonio personal de Juan el Bautista que pone en alto a Jesús y se abaja a sí mismo, permitiéndonos ver el proceso que vive hasta reconocerlo como Hijo de Dios: primero recibe el signo que Dios le da: “Yo no lo conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: 'Verás al Espíritu bajar sobre aquel que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él' Y luego testifica : ‘Y yo mismo lo he visto y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios’. En cada creyente, el Padre Dios realiza este proceso, da signos y lleva al encuentro personal con Jesús, su Hijo.
¿Cuáles signos he recibido para reconocer a Jesús como Hijo de Dios? ¿Cómo ha sido mi encuentro con Jesús? ¿Cómo alimento mi relación personal con El y en qué modo doy testimonio de su presencia viva entre nosotros?
Gracias Padre, por enviarnos a tu Hijo como Salvador y darnos tu Espíritu, para que lo reconozcamos como nuestro Dios hermano. Danos ojos que sepan ver y corazón que acoja. Amén.
“Y Juan dio este testimonio: 'He visto al Espíritu bajar del cielo como una paloma y quedarse sobre él”.
Muchas veces tenemos confianza en un médico: es bueno, porque el médico está para sanarnos; tenemos confianza en una persona: los hermanos, y las hermanas están para ayudarnos…. Pero nos olvidamos de la confianza en el Señor: esta es la clave del éxito en la vida. Confiar en el Señor: encomendémonos a Él: Señor, Señor, mira mi vida: estoy en la oscuridad, tengo esta dificultad, tengo este pecado...” Mira esto: ¡yo confío en ti! Esta es una apuesta que necesitamos hacer: confiar en Él que nunca decepciona…” (Papa Francisco, 19 de enero de 2014).


