03 de agosto

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Subió al monte a solar para orar”
(Mt 14, 22-36)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Después de despedir a la gente, Jesús sube al monte para orar. La vitalidad de la oración, la fuerza que tiene la oración de Jesús lo lleva a pasar la noche en dialogo con el Padre. Es en la noche donde el alma se calma y podemos entrar en ese gozo y paz que nos regala la oración. Pero hay otro elemento que se destaca en el texto bíblico: el miedo que sienten los discípulos que están en el mar, las olas que sacuden, el viento que estremece. Así es nuestra vida, no es lineal, ya que parece que nos hundimos, pero no somos capaces de reconocer a Dios en medio de la tormenta, ya que muchas veces vemos espejismos y fantasmas. Y Jesús permanece allí, diciéndonos: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”. El Señor hoy nos habla a nosotros y nos pide que dejemos nuestros miedos. El miedo es el origen de la esclavitud: los israelitas prefieren volverse esclavos por miedo. Es también el origen de toda dictadura, porque sobre el miedo del pueblo crece la violencia de los dictadores. Y Jesús frente a esta realidad tan humana del miedo, extiende su mano, nos aferra y el viento cede. Es así cuando creemos que la vida cambia: pueden venir toda clase de tormentas, pero estamos seguros que Jesús siempre estará ahí, con nosotros.

Reflexionemos:

¿Cuáles son los miedos e inseguridades que me impiden descubrir a Jesús en la cotidianidad o en los momentos de tormenta?

Oremos:

Señor Jesús, cuando las tormentas me impidan descubrirte, toma mi mano, mis fragilidades y llena mi vida con la paz y serenidad que solo tú puedes conceder Tú eres la roca firme que da sentido y plenitud a mi existencia. Amén.

Actuemos:

Fortalezcamos la fe, superemos el miedo ante las dificultades y busquemos la cercanía con Dios.

Recordemos:

Pero Jesús les dijo: “Tranquilícense, soy yo; no teman” (Mt 14, 27).

Profundicemos:

Pidámosle al Señor que fortalezca nuestra fe, superar el miedo y confiar en la presencia constante de Jesús en medio de las tormentas de la vida.

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