
Queridos hermanos, el Evangelio nos muestra hoy a Jesús en camino hacia Jerusalén. Ese camino no es solo geográfico: es el camino de la fe, el itinerario hacia el corazón del Padre. Seguirlo implica asumir su proyecto y su ideal, aun cuando ello suponga enfrentar dificultades y tensiones que nos sobrepasan. En el relato aparece Herodes, figura de la autoridad que se opone a la misión de Cristo. Jesús lo llama “zorro”, desenmascarando su astucia y su insignificancia frente al plan de Dios. El antagonismo de Herodes refleja las resistencias que siempre surgen cuando la verdad del Evangelio incomoda a los poderes establecidos. Pero Jesús no se detiene. Su mirada está fija en Jerusalén, ciudad que simboliza al pueblo de Israel y que, paradójicamente, se convierte en lugar de rechazo y de consumación de su misión. Allí se concentra la tensión entre la fidelidad de Dios y la dureza del corazón humano. Jerusalén es la ciudad que mata a los profetas, y sin embargo, es también el lugar donde se revela la plenitud del amor divino. Este pasaje nos recuerda que el camino del Reino no es fácil: exige carácter, valentía y confianza en el Espíritu Santo. La misión cristiana siempre encontrará oposiciones, pero la fidelidad de Jesús nos enseña que ninguna amenaza puede detener el designio de Dios. Hoy el Señor nos invita a no temer las dificultades, a no huir de las tensiones, sino a caminar con firmeza hacia nuestra propia Jerusalén: ese lugar interior donde se decide nuestra fidelidad. Allí, aunque encontremos rechazo, también descubriremos la certeza de que Dios nunca abandona a quienes se confían en Él.
Jesús llama a Herodes “zorro”, desenmascarando su astucia. ¿Qué actitudes engañosas o superficiales debo desenmascarar en mí mismo?
Señor Jesús, que mi fidelidad al Reino sea más fuerte que cualquier oposición, y que en mi propia Jerusalén interior descubra siempre la plenitud de tu amor. Amén.
Asumo con valentía las responsabilidades que Dios me confía, aunque impliquen sacrificio.
San Juan Crisóstomo enseñaba que “el verdadero profeta no se detiene ante las amenazas, porque su fuerza proviene de Dios”.
Debemos seguir adelante en la misión, sin miedo a los “Herodes” de hoy, pero con un corazón que nunca deja de amar y esperar la conversión de quienes se resisten a vivir en continua conversión.


