29 de marzo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Pasión de nuestro Señor Jesucristo”
(Mt 26, 14-27,66)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Después del camino cuaresmal vivido, hemos llegado al inicio de la Semana Santa con las grandes celebraciones del Misterio Pascual. El evangelista Mateo recrea para su comunidad judía el destino del Hijo de Dios. La extensa narración de la Pasión del Señor que hoy escucharemos, conecta nuestra memoria con el misterio de la Encarnación, porque el Hijo del hombre ha venido a cumplir la voluntad de su Padre. La Palabra presenta el destino del Hijo, la forma como Él asumió la voluntad de su Padre para luego regresar al misterio de la gloria eterna, naturaleza a la que siempre ha estado adherido y que le pertenece toda la eternidad. El evangelista inicia la narración con una imagen: la traición de uno de sus discípulos, Judas Iscariote. La fidelidad al proyecto del Hijo se teje todos los días en un misterio de pertenencia que es preciso cultivar. Las fatídicas 30 monedas del camino, pueden hacernos perder el horizonte, pueden llevarnos a romper con ese proyecto, con el misterio para el que fuimos llamados. Desde este ajuste de cuentas entre Judas Iscariote y los sacerdotes, sus discípulos van a descubrir el verdadero rostro de su Rey que irán develando camino al Calvario. Aunque el cruel destino de Jesús los desmotiva y les hace perder sus auténticas motivaciones, después de haberle seguido y pertenecer al grupo de los 12 provocando en ellos reacciones profundas como rechazo, negación y dispersión, será el punto de inflexión que los llevará a reconocer en el crucificado al Hijo de Dios. Su Rey, si bien entra victorioso, en un comienzo no cumple las expectativas de los reinos del mundo, la victoria de la cruz es escándalo de quien ha sido destinado a ella. El contexto de la fiesta de la Pascua judía coloca a Jesús en Jerusalén; allí también Él, como todos, se dispone a vivir la Pascua, la tradición y la memoria. Sin embargo, este tiempo, el tiempo de Dios, en la persona de Jesús, acontecerá de forma diferente porque Él mismo será el Cordero que será sacrificado y que renovará la alianza. El destino del Profeta, finalmente, se cumplirá.

Reflexionemos:

El ritmo litúrgico me lleva al corazón del misterio. Esta semana es una oportunidad para que viva en medio de un clima de fe y oración. Desde ya, siento y percibo las disposiciones interiores y exteriores que harán de mi Semana Santa una experiencia de encuentro único con Dios y con la comunidad.

Oremos:

Señor Jesús, te contemplo entrando victorioso a Jerusalén con tantos signos que expresan alegría y júbilo, pero esa entrada es vacía si no vienes a iluminar mi existencia, mi propio Jerusalén. Deseo en lo más profundo de mi corazón, te aclamo como mi Rey y mi Señor. Ven y reina en mi corazón para siempre. Amén.

Actuemos:

¿Vivo las celebraciones de la Semana Santa por tradición o deseo vivirlas porque el misterio pascual renueva mi fe, mantiene viva mi esperanza y acrecienta la caridad fraterna con los míos, con mi comunidad de vida y de fe?

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