
La Iglesia hoy conmemora el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, ocurrido en Roma entre los años 64 y 67 bajo el mandato del emperador Nerón, cuando perseguían a los cristianos; como sabemos, san Pedro fue escogido por Jesucristo como cabeza de los apóstoles y no considerándose digno de morir como Cristo, pidió ser crucificado con la cabeza hacia abajo. Y san Pablo, por tener la ciudadanía romana, impidió la crucifixión y fue decapitado en la vía Ostiense. Las tumbas de ambos mártires son lugares de peregrinación en Roma; la de san Pablo se encuentra en la Basílica de San Pablo Extramuros, y san Pedro obviamente en la Basílica de San Pedro. Gracias al coraje e impulso misionero de estos grandes apóstoles, el cristianismo se extendió a todo el mundo. El Evangelio de hoy nos ubica en la región de Cesarea de Filipo, donde Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Ellos dan las diversas opiniones que han escuchado. Luego Jesús se dirige directamente a ellos, diciéndoles: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro tomando la palabra de manera sencilla declara: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Sobre esta confesión de fe que hace Pedro, recibe la alabanza del Señor y lo confirma como apóstol para siempre dándole una nueva identidad: “¡Dichoso tú, Simón, ¡hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Así, Pedro se constituye en uno de los pilares de la Iglesia, en instrumento de Dios, en fundamento visible para convocarnos a formar comunidad de creyentes que comparten una misma fe, como pueblo santo y elegido del Señor.
Mediante el testimonio y ministerio de los apóstoles Pedro y Pablo, como cristianos estamos llamados a asumir y vivir de manera diferente el sufrimiento, cuando por nuestra fe somos rechazados o injuriados. Preguntémonos: ¿Tengo el valor de defender mi Iglesia cuando otros se expresan de manera poco apropiada sobre su doctrina y enseñanza?, ¿me avergüenzo de mi fe?
Cristo Maestro, concédeme un espíritu firme para seguir las huellas de los santos Pedro y Pablo; que pueda imitarles en la fe, en el compromiso de evangelización, en el sufrimiento y en el ofrecimiento de mi vida, para alcanzar con ellos el premio eterno. Amén.
Este pasaje establece el compromiso de que edifiquemos la Iglesia sobre la fe, asumiendo una vocación de servicio, autoridad moral y fidelidad inquebrantable a Cristo.
Y yo te digo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella” (Mt 16, 18).
Este pasaje bíblico establece las bases doctrinales sobre quién es Cristo y cómo se organiza su comunidad de creyentes.


