
Si hablamos de testigos y discípulos del reino, nadie como Marta, María y Lázaro; ellos sí que supieron acoger con alegría el tesoro escondido y la perla de gran valor que en Jesús nos ha sido dada. Celebrar esta fiesta, es celebrar un claro testimonio de acogida y hospitalidad de la Buena Nueva; de estos hermanos queda claro que no solo vendieron todo lo que tenían, sino que pusieron la vida misma al servicio del Señor y su misión. Esta experiencia de cercanía manifiesta el camino discipular de cada uno de ellos en su relación con Jesús y con su familia. Es significativo poder descubrir cómo en el momento de mayor dificultad se realiza una de las confesiones de fe más significativas hacia la persona de Jesús. Con Marta aprendemos que la hospitalidad no se basa solo en dar o en hacer cosas; si acogemos a Jesús, entonces debemos aprender, como María, a ponernos a sus pies como verdaderos discípulos suyos; con ellos aprendemos que, aunque Jesús pareciera estar distante, siempre está para nosotros cuando lo necesitamos, ya que Él comparte también nuestras penas y sufrimientos y nos deja ver sus sentimientos hacia cada uno y al que lo hizo con Lázaro, nos rescata, incluso, de la tumba y de la muerte. Estamos invitados a dejar que nuestra casa sea el lugar donde Jesús repose mientras camina por los senderos de la humanidad. Dejemos que sea la Palabra quien encuentre eco en los corazones de quienes junto a ella tocan a las puertas de nuestra vida, y declaremos a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios para que habite por siempre en nuestro corazón.
¿Qué característica particular tiene mi seguimiento de Jesús?
Espíritu Santo, que tu presencia sea manifestación del amor de Jesús en nuestra vida para que, enraizados en la Palabra divina, podamos dar frutos de caridad y generosidad desde los gestos más sencillos y ordinarios. Amén.
Pasemos de una esperanza teórica lejana a una confianza plena en el presente, reconociendo que Cristo tiene el poder sobre la vida y la muerte.
Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” (Jn 11, 25-26).
Jesús enseña que creer en Él otorga una victoria inmediata sobre la muerte; la fe transforma la muerte en una transición hacia la vida.


