
José y María, cumplen fielmente con lo prestablecido en la ley del Señor. Al llegar al Templo nos encontramos con Simeón, hombre justo y piadoso, a quien el Espíritu Santo, le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor, él acude al templo movido por el Espíritu. Y al ver al niño, lo reconoce como el Mesías y exclama este breve himno: “Ahora Señor según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu salvador, luz de las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. Así es, Jesús es la presencia de luz y esperanza para todos los pueblos, presencia que ilumina cualquier oscuridad que, a lo largo de la vida, nos puede sumir en la angustia, el conformismo, la falta de ilusión, el derrotismo. Tanto ayer como hoy, estamos llamados como pueblo y como personas a reconocer en nuestra vida a Jesús, como esa luz que ilumina, da sentido y esperanza a nuestra vida.
Ante situaciones de oscuridad, ¿sentimos que Jesús es nuestra luz, que nos llena de valor para seguir adelante?
Señor, Jesús, tú eres la luz que da sentido a mi vida y llena mi corazón de amor a Dios y a los demás. Ayúdame en esta Navidad a superar toda angustia o temor que robe la paz de mi interior y no me deje abrazar la vida con mayor valor, confianza y libertad. Amén.
Jesús es luz para todos los pueblos. Son muchas las situaciones de oscuridad, que vivimos a lo largo de la vida y que podrían robarnos la alegría, la esperanza y sumirnos en actitudes pasivas y derrotistas. Jesús es la única luz capaz de dar sentido a nuestra vida.


