
El pasaje de Marcos narra el martirio de san Juan el Bautista, quien fue decapitado en la cárcel por orden de Herodes durante un banquete de cumpleaños. El texto destaca la defensa de la verdad por encima del qué dirán, la debilidad de Herodes ante la vanidad y el rencor de Herodías. Juan el Bautista es presentado no solo como un mártir de la fe, sino como un mártir de la verdad. Denunció con valentía la inmoralidad del rey Herodes al casarse con la mujer de su hermano. Su vida enseña que ser fiel a Dios implica no callar la verdad ante los poderes del mundo. La figura de Juan el Bautista es testimonial para los discípulos misioneros; evangelizar no es fácil, ya que implica dar la vida, cuando vemos la injustica, el maltrato. Seguir a Jesús implica la donación total, asumir la crítica e ir contracorriente. Pero su amor nos alimenta y nos acompaña en el camino.
Cuando escucho hablar, criticar a una persona, ¿soy capaz de defender la verdad, o me quedo en silencio y me retiro?
Señor Jesús, seguirte no es fácil, implica dar la vida y siento mis fragilidades y miedos. Por favor, dame la valentía, como a Juan el Bautista, de amarte y de serte fiel hasta el final. Amén.
El evangelio nos invita a defender la verdad, frente a las presiones del poder, siendo fieles a los valores del evangelio, aun a costa del sufrimiento personal.
La joven volvió rápidamente a donde estaba el rey y le hizo este pedido: “Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista” (Mc 6, 25).
El evangelio de hoy nos enseña sobre la valentía para decir la verdad, los peligros de la debilidad moral, el costo del compromiso con Dios y cómo los valores del Reino chocan contra el poder mundano.


