28 de mayo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Esto es mi Cuerpo”. “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi Sangre”
(Lc 22, 14-20)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El pasaje del Evangelio según san Lucas (Lc 22, 14-20) nos sitúa en la mesa de la Última Cena, en un momento profundamente significativo de la vida de Jesús. El evangelista subraya el deseo intenso del Señor: “¡Cuánto he deseado comer esta Pascua con ustedes!”. Desde una perspectiva exegética, esta expresión revela no solo una despedida, sino el cumplimiento de la Pascua judía en su propia persona. Jesús toma el pan y el vino y les da un sentido nuevo: ya no son solo signos de liberación pasada, sino memorial vivo de su entrega. Al decir “esto es mi Cuerpo” y “esta es la copa de la nueva alianza en mi Sangre”, instituye una nueva alianza que se sella en su amor entregado. En este contexto, la Eucaristía aparece como centro de la vida cristiana. No es solo un recuerdo simbólico, sino una actualización del misterio pascual: la entrega de Cristo que se hace presente en cada celebración. El mandato “hagan esto en memoria mía” confía a la comunidad la misión de perpetuar este gesto, que une íntimamente a los creyentes con Jesús y entre sí. Además, el anuncio de que no volverá a beber del fruto de la vid hasta que llegue el Reino abre una dimensión escatológica: la Eucaristía anticipa el banquete definitivo en la comunión plena con Dios. Este Evangelio invita a redescubrir el valor profundo de la Eucaristía en la vida cotidiana. No se trata solo de un rito, sino de un encuentro que transforma y compromete. Para todos nosotros es una llamada a participar con conciencia y gratitud, reconociendo en ese pan partido el amor de Cristo que se entrega por cada uno. Al mismo tiempo, invita a prolongar la Eucaristía en la vida, haciendo de cada gesto cotidiano una ofrenda de amor. Celebrar la mesa del Señor implica también vivir como hermanos, compartir, perdonar y construir comunión, siendo testigos vivos de esa alianza nueva que Jesús ha sellado con su vida.

Reflexionemos:

1. ¿Cómo estás viviendo la Eucaristía: como un encuentro que transforma tu vida cotidiana y tu relación con los demás? 2. ¿De qué manera estás prolongando en tu vida el amor y la entrega que celebra en la mesa del Señor?

Oremos:

Señor Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, gracias por el don de tu Eucaristía que me une a tu amor entregado; haz que cada celebración transforme mi vida y fortalezca mi fe; enséñame a vivir como tú en la entrega, el perdón y la comunión con los demás; que tu Cuerpo y tu Sangre sean siempre alimento de esperanza en mi camino y que mi vida se convierta en ofrenda de amor para tu Reino. Amén.

Actuemos:

Así como Jesús partió el pan, me comprometo a “partir” mi tiempo, talentos y vida por los demás, no buscando mi propio interés, sino entregándome.

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