
Otra actitud esencial ante la responsabilidad del Reino de Dios que como discípulos hemos acogido, es la certeza plena de saber que todo cuanto viene de Dios es bueno; la pregunta es: ¿Qué es eso bueno que viene de Dios?: en primer lugar, “el que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre”. Jesús utiliza aquí la imagen del profeta Daniel para referirse al Mesías, al enviado de Dios, revelándonos aquí su identidad más profunda; en segundo lugar, la semilla somos todos aquellos que con alegría lo hemos descubierto como el tesoro escondido. Ahora bien, la finalidad de nuestro seguimiento es ser levadura en la masa y mostaza en el campo del mundo. Sin embargo, hemos de enfrentarnos a la existencia del mal, ya que es una realidad a la que debemos de enfrentar, pues hay quienes han hecho la opción contraria, los “partidarios del maligno”. Esta es la cizaña que busca ahogar los frutos de la Buena Nueva, es decir, la cosecha. Jesús nos dirá una vez más que lo nuestro es confiar en que la Palabra dará sus frutos; lo nuestro es poder ser signos y testigos; al final, el juicio solo le corresponde a Dios y, con toda seguridad, podremos contemplar lo que viene o no del Padre. Ser conscientes que el mal crece junto al bien, es lo que Jesús quiere aclarar a los discípulos y aunque crezcan juntos no se mezclan y siempre se podrá distinguir entre uno y otro; lo que viene del Padre refleja su bondad y por ello, no hemos de confundir la paciencia del amor de Dios con indiferencia, en cuanto que el mal trae consecuencias y cada uno sabrá qué parte de cosecha desea ser: “el que tenga oídos…”, pues al final de la vida, ya quedará muy poco por hacer.
¿Qué realidades de cizaña amenazan la buena semilla de Dios en mí?
Espíritu Santo, ven e ilumina nuestro corazón para discernir todo aquello que viene del Padre. Aleja de nosotros todo egoísmo y ayúdanos para que este sea un día propicio para sanar nuestros sentidos. Implanta en medio de nosotros tu reino de bondad y misericordia. Ven y renueva la faz de la tierra. Amén.
El compromiso cristiano es ser buena semilla en un mundo donde coexisten el bien y el mal. Exige vivir con la certeza de que Dios hará justicia al final de los tiempos, inspirándonos a resplandecer con la luz del Reino y evitar el escándalo y el mal.
“Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!” (Mt 13, 43).
El mundo está mezclado entre el bien y el mal. Al final de los tiempos habrá un juicio divino donde los justos serán separados de los pecadores y premiados.


