
Jesús nos propone un amor que rompe esquemas y supera lo humano. Amar solo a quien nos ama es fácil pero el evangelio va mucho más allá. El Señor nos invita a amar incluso a quien nos hiere o nos rechaza. No es un amor ingenuo, sino valiente y libre. Amar al enemigo es negarse a vivir prisioneros del odio. La oración por quien nos hace daño, sana primero nuestro corazón. Dios no excluye a nadie de su amor, hace salir el sol para todos. Ser hijos de Dios es parecernos a Él en la misericordia. La venganza endurece el alma; el amor la transforma. Jesús no nos pide perfección sin errores, sino un amor que crezca. Cada gesto de bondad vence silenciosamente al mal. El amor cristiano es exigente, pero da vida verdadera. Esta Palabra nos llama a amar como Dios ama. Amar como Jesús ama es un camino que dura toda la vida. No se logra solo con esfuerzo humano, sino con la gracia de Dios. El amor auténtico comienza cuando decidimos no devolver mal por mal. Cada día es una nueva oportunidad para crecer en misericordia. Dios confía en que su amor puede transformarnos.
¿A quién me cuesta amar y necesito presentar hoy al Señor en la oración? ¿Qué gesto concreto de amor me invita Jesús a dar esta semana?
Señor Jesús, enséñame a amar como tú de corazón a los demás. A ensanchar las fronteras de mis afectos para aprender a amar y valorar más, incluso a quienes me han lastimado, o tengo diferencias. Amén.
"Sean perfectos como su Padre es perfecto".
El amor cristiano no tiene límites ni fronteras.


