
El evangelio nos indica las condiciones para entrar en el Reino de los Cielos y lo hace con la parábola de las diez vírgenes. La parábola dice que cinco de estas vírgenes son prudentes y cinco son necias: de hecho, las prudentes llevaron con ellas el aceite para las lámparas, mientras que las necias no lo llevaron. El novio tarda en llegar y todas se adormilaron. A medianoche se anuncia la llegada del novio; entonces, las vírgenes necias se dan cuenta de que no tenían aceite para las lámparas y se lo piden a las prudentes. Pero estas responden que no pueden dárselo, porque no habría suficiente para todas. Mientras las necias van en busca de aceite, llega el novio; las vírgenes prudentes entran con él en la sala del banquete y se cierra la puerta. Las cinco necias, regresan demasiado tarde, llaman a la puerta, pero la respuesta es: “En verdad les digo que no las conozco” (v. 12) y se quedan fuera. Jesús con esta parábola nos recuerda que debemos permanecer listos para el encuentro con Él. Porque no sabemos ni el día ni la hora cuando él nos llame. Se trata de no esperar al último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios, sino de hacerlo ahora. La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras que el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta y hace fecunda y creíble la luz de la fe. La condición para estar listos para el encuentro con el Señor no es solo la fe, sino una vida cristiana rica en amor y caridad hacia el prójimo.
Sería hermoso pensar un poco: un día será el último. Si fuera hoy, ¿cómo estoy preparado, preparada para el encuentro con el Señor?
Señor Jesús, como las vírgenes prudentes, ayúdame a permanecer con la luz encendida del amor que brinde a los demás caridad y justicia. Que cuando me llames, puede entrar feliz a tu reino y recibir tu abrazo de padre. Amén.
El Señor nos llama a una responsabilidad personal, activa y constante en el tiempo, que no depende del entusiasmo inicial sino de la preparación interior.
“Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora” (Mt 25, 13).
Estemos siempre alerta y espiritualmente preparados para la segunda venida de Jesucristo, ya que nadie sabe el día ni la hora exacta del regreso del Señor.


