
Jesús anuncia un tiempo de dolor, destrucción y miedo, usando como referencia la caída de Jerusalén, pero con una mirada que trasciende lo histórico y se proyecta al fin de los tiempos. Habla de días difíciles: guerras, desastres, angustia y miedo. Sin embargo, el mensaje central no es el terror, sino la esperanza: “Cuando empiece a suceder esto, levántense, alcen la cabeza; se acerca su liberación”. El cristiano no vive paralizado por el miedo, sino confiado en la promesa de que el Señor vuelve con poder y gloria. La tribulación no es el fin, sino el inicio de algo nuevo: la plena manifestación del Reino de Dios. Recibamos la invitación de Jesús: Vivir la esperanza activa: No quedarse en el miedo o la queja, sino actuar con confianza en Dios. Interpretar los Signos de los Tiempos: Ver más allá de los problemas y descubrir en ellos oportunidades para crecer en fe. Caminar con la cabeza erguida: Mostrar al mundo que nuestra esperanza está en Cristo, no en lo que pasa alrededor. Acompañar a otros: Ser luz para quienes sienten miedo, recordándoles que Dios nunca abandona.
¿Qué situaciones de crisis en mi vida me han hecho sentir miedo o desesperanza? ¿Confío en que Cristo está presente y actuando incluso en medio de los momentos difíciles? ¿Qué señales de vida nueva puedo reconocer hoy en medio de mis problemas?
Jesús Maestro, cuando el mundo parezca derrumbarse, cuando el miedo y la confusión quieran dominarme, recuérdame tu promesa: que vienes con poder y gloria, y que mi liberación está cerca. Dame la gracia de vivir vigilante, con el corazón firme en tu amor y la mirada alzada hacia ti, esperando tu venida con esperanza y alegría. Amén.


