27 de marzo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Intentaron detenerlo, pero se les escabulló de las manos”
(Jn 10, 31-42)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Las lecturas del Evangelio de estos días han pintado el ambiente en torno a la persona de Jesús. Muchos han intentado tomarlo por su cuenta, pero no se han atrevido porque lo tienen por profeta, otros lo han considerado loco y con tendencias suicidas por la forma en cómo ha expresado la relación con Dios y el encuentro inminente con Él. Hoy, la narración inicia colocando en evidencia cómo la multitud ya había tomado la determinación de apedrearlo; Jesús va a su encuentro cuestionando sus actitudes, porque a lo largo del ministerio público ha hecho muchas obras, pero no le han intentado asesinar como ahora. Las acciones y palabras de Jesús en torno al templo de Jerusalén –las cuales, para la multitud conformada por su gran mayoría de judíos–, son consideradas blasfemias porque a través de ellas Él se consideraba como Dios. En este ambiente se coloca en contraposición una discusión entre las obras del Padre y las obras del Hijo, las cuales revelan al Padre. En esta relación filial, las obras del Padre vienen reveladas por la acción salvífica del Hijo. Este tema de discusión siembra en las multitudes el deseo de detener a Jesús, sin embargo, no ha llegado todavía su hora. El Señor se identifica como “quien el Padre consagró y envió al mundo”. Se trata por tanto de una triple consagración: el Padre ha consagrado al Hijo y lo ha enviado al mundo; el Hijo se consagra a sí mismo y ruega que, por su consagración, los discípulos sean consagrados en la verdad. Así, Jesús reveló su identidad. Desde el momento que fue bautizado en el Jordán, el Señor Jesús anunció su Palabra y reveló su unión con el Padre. Muchos creyeron en Él y lo seguían hecho que causaba grande preocupación en las autoridades judías y que los llevó a buscar formas justificadas para matarlo.

Reflexionemos:

Hay situaciones de mi confesión de fe, de mis acciones o decisiones que han comportado el rechazo, la persecución e incluso la muerte. Si no he llegado hasta allá, mis opciones sí han sido motivo para que las personas tomen distancia. ¿Cómo he vivido en mi historia personal el rechazo o la diferencia?

Oremos:

Señor Jesús, no fue fácil para ti ser el Hijo de Dios; tal vez la forma como profeso y vivo mi vida cristiana tampoco lo sea para los míos. Concédeme la gracia de vivir serenamente toda adversidad o rechazo como un signo de la cruz que me une a ti. Amén.

Actuemos:

En ambientes difíciles y tensos a nivel familiar, social, político o laboral, ¿cuál es mi actitud?

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