
Hay un gran número de personas que está escuchando las enseñanzas de Jesús; y afuera está su familia que quiere verlo. Cuando le informan a Jesús que sus familiares lo buscan, el responde con un gesto sinigual que eternizan sus palabras: miró a los que estaban a su alrededor y dijo: “Miren, estos son mi madre y mis hermanos. Todo el que hace la voluntad de Dios es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Las palabras de Jesús redefinen su familia humana: No son los lazos de sangre los que expresan la pertenencia a Jesús, sino el escuchar y llevan a la práctica la Palabra de Dios; el parentesco con el Señor nos viene de la fe que nos hace adherir vitalmente a Él y nos lleva a vivir de su Palabra¨. Jesús ha creado una familia nueva que brota de la fe; esta familia la conformamos todos los que, bautizados en su nombre, formamos un único cuerpo donde todos ponemos en práctica la Palabra de Dios y vivimos en profunda comunión como hermanos, hermanas y madre de Jesús.
¿Siento la comunidad cristiana como el lugar donde expreso mi pertenencia a Jesús y descubro en los demás a mis hermanos, hermanas y madre? ¿Vivo con alegría mi pertenencia a esta familia de fe que da un nuevo sentido a mi vida y a mis relaciones? ¿Que siento que hoy me pide el Señor?
Gracias Jesús, por incorporarnos a tu familia divina como miembros de tu cuerpo, donde tu Espíritu nos vincula con Dios y con todos. Haznos vivir con gozo esta inefable comunión. Amén.
Quiero vivir mis relaciones desde la fe que nos une como hermanos en el cuerpo glorioso del Señor Resucitado.
“Todo el que hace la voluntad de Dios es mi hermano y mi hermana y mi madre”.
La verdadera familia son los que tienen el corazón abierto para escuchar y vivir el mensaje de Jesús, saliendo de una visión egoísta y cerrada. Esta visión de la familia implica una libertad profunda para no dejarse instrumentalizar por los lazos de sangre, sino por la voluntad del Padre (José Antonio Pagola).


