
En el Evangelio de hoy Jesús nos invita a estar vigilantes, porque no sabemos cuándo llegará el Señor. Es la invitación que nos hace en el libro del Cantar de los Cantares: “Ven amada mía”. No sabemos ni el día ni la hora, pero sí debemos estar alertas llevando una vida autentica, de servicio y entrega a los demás. Nadie tiene la vida comprada, ya que podemos vivir momentos trágicos como un terremoto, una enfermedad, un accidente. No sabemos a qué horas nos llame el Señor, pero es necesario estar preparados. La preparación tiene sentido cuando nuestra vida se convierte en servicio. No se trata de buscar reconocimiento ni poder, sino de hacer el bien, incluso, cuando nadie nos ve. La fidelidad se demuestra en lo cotidiano: en la manera como tratamos a los demás, perdonamos, servimos y cumplimos nuestra misión.
Si hoy el Señor viniera a nuestro encuentro, ¿nos encontraría viviendo con amor y sirviendo a los demás?
Señor amado mío, ven y transforma mi vida; que cuando me llames, me encuentres despierto, lleno de amor y paz interior, deseoso de seguirte para toda la eternidad Amén.
A través de las parábolas del dueño de casa y del siervo fiel, Jesús nos llama a asumir una postura de vida madura, coherente y constante.
“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor” (Mt 24, 42).
El evangelio de hoy es la llamada a estar siempre alerta y preparados porque nadie sabe “el día ni la hora en que regresará el Hijo del hombre”.


