26 de octubre

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Y a esta mujer, que es una hija de Abrahán, ¿no convenía liberarla…?”
(Lc 13, 10-17)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

En el Evangelio de este día, Lucas nos narra la curación de la mujer encorvada. El texto pone de manifiesto una realidad dolorosa: la existencia de personas que cargan con grandes desventajas y que muchas veces terminan siendo invisibles o abandonadas por los demás. Todos ya se habían acostumbrado a verla con su defecto físico, pero Jesús es el único que rompe con la costumbre, se fija en ella y le expresa su interés profundo por verla bien. La actitud de Jesús refleja la misericordia divina manifestada en tres movimientos de amor y liberación: 1. La ve: En medio de la multitud indiferente, su mirada se detiene en quien sufre. 2. La llama: La hace salir de su anonimato y la acoge con cercanía. 3. La libera: Actúa no solo ante los grandes problemas estructurales que todos critican, sino en esos detalles íntimos y silenciosos que la mayoría ignora, pero que oprimen el alma y el cuerpo de quien los padece. Después de 18 años de vivir encorvada, mirando siempre hacia abajo, esta mujer es alcanzada por la mirada de Jesús. Él la levanta, la sana y no solo le devuelve la salud física, sino que la reinserta completamente a la vida de la comunidad y a la vida de fe, devolviéndole su lugar en medio de los suyos.

Reflexionemos:

Pensando en la postura de la mujer encorvada: ¿Cuáles son esas cargas (preocupaciones, tristezas, miedos o rutinas) que a veces nos doblan el espíritu y nos impiden mirar al cielo y a los ojos de los hermanos?

Oremos:

Señor Jesús, mira hoy mi corazón, que necesita de tu amor y tu misericordia; concédeme la gracia de tener tu misma mirada: una mirada que no juzga, sino que acoge; una mirada que no ignora, sino que se detiene a servir; una mirada que rompe las cadenas de la indiferencia. Amén.

Actuemos:

Durante la jornada, me propongo a tener una mirada de respeto, amor y ternura especial con aquel que me necesite.

Recordemos:

La mujer encorvada había estado enferma durante dieciocho años; este dato no solo refleja su sufrimiento físico, sino también su marginación social.

Profundicemos:

Jesús actúa con una autoridad movida por la compasión, sanando a la mujer sin que ella siquiera se lo pida o se atreva a esperarlo. ¡Cuántas veces actúa así con nosotros en lo cotidiano! Se nos adelanta en los silencios, nos sostiene antes de que caigamos, nos regala pequeños milagros y salvaciones ocultas de las que ni siquiera nos damos cuenta.

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