
Hoy la Iglesia recuerda a san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, quien ha dado un gran aporte en la vida de fe permitiendo a los laicos encontrar y valorar su vocación cristiana. Queridos amigos, pasando al Evangelio de hoy, nos encontramos con la vida de un hombre que por su condición física se encuentra marginado de la sociedad. Nos dice el texto que, al bajar Jesús del monte, lo seguía mucha gente. Se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. La fe de este hombre que se acerca a Jesús con humildad, y reconoce en Él a Aquel que tiene el poder de liberarlo de su enfermedad, se convierte en una oración de abandono y súplica confiada: “Si quieres”. Esta es una expresión que no exige, pero que espera de Jesús la sanación. Y Jesús extendiendo su mano, lo tocó y le dice: “Quiero, queda limpio”, porque Él ha venido para sanar y salvar al mundo de toda impureza y maldad. Jesús ha traído para la humanidad la cercanía de un Dios libre que no obliga ni se impone, sino que nos deja libres para que movidos por nuestra mente, voluntad y corazón acudamos a Él acogiendo su salvación.
Cuando acudimos al Señor, deberíamos tener siempre la actitud de este hombre que cargado de humildad, dobla sus rodillas ante Dios y teniendo claridad de lo que quiere, se rinde ante el Señor. Preguntémonos: ¿Tengo claro lo que quiero para mi vida? Cuándo hago oración, ¿acudo ante el Señor con calma, sin prisa y sin exigencias, pero sí sintonizando nuestro corazón con su corazón?
Señor Jesús, aquí estoy en tu presencia santa; tú sabes y conoces todo de mí, por eso, te abro mi corazón para que sea colmado de humildad, paz y bondad. Amén.
Debemos tener la decisión radical de romper barreras sociales y religiosas para servir al prójimo, obedecer la ley divina y vivir en coherencia con la fe.
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda limpio”. Y al instante quedó purificado de su lepra (Mt 8, 3).
El poder de Dios no tiene barreras; Jesús está siempre dispuesto a sanar y restaurar a quienes se acercan a Él con humildad y fe verdadera.


