26 de Junio

Jesús tomo decididamente el camino de Jerusalén.

Te seguiré a donde vayas.

(Lucas 9,51-62)

 

 Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

En el Evangelio de este domingo el relato empieza afirmando que Jesús, después de la experiencia de la transfiguración, “tomo la decisión” de ir a Jerusalén.

Lucas advertirá que los acontecimientos narrados tienen una motivación y es que se iban cumpliendo los días en que Jesús seria llevado al cielo, razón por la cual era necesario que subiera a Jerusalén. En este contexto de camino hacia Jerusalén, se viven cuatro situaciones particulares de contexto vocacional, sintetizadas en tres grupos: primero los que rechazan a Jesús, su grupo y su mensaje, de manera radical, como en el caso del pueblo samaritano. Segundo, los que quieren seguir a Jesús porque les resulta un personaje atractivo: uno, sin poner condiciones, a quien, precisamente, Jesús decide rechazar; otro, poniendo la condición de despedirse de los de su casa. Tercero, los que Jesús mismo llama, lanzando la invitación, pero de los cuales recibe evasivas, incluso si son lógicamente humanas como ir a enterrar al padre recién fallecido.

El tema de la libertad para aceptar o no el llamado de Jesús en su servicio se resolverán de manera paradigmática el próximo domingo cuando se nos presenta la designación de aquellos otros setenta y dos, enviados de dos en dos a predicar el evangelio, anticipando la llegada de Jesús a cada pueblo.

La Palabra de este domingo nos enseña que el ejercicio de la libertad para decir sí al Señor debe examinar lo que hay dentro de nosotros, deseos, angustias temores, búsquedas, y lo que sucede fuera de nosotros, los “signos de los tiempos”. Para reconocer los caminos de la libertad plena. Este discernimiento nos ayuda a entender la voluntad de Dios para con cada uno de nosotros.

 

Oremos: Señor concédeme la gracia de estar siempre disponibles para escuchar tu llamada, saber superar los obstáculos que constantemente se interponen entre Tú y nosotros. Permite que sea un testigo de tu amor, de forma que mi fe se manifiesta en mis palabras y obras. Confió en tu Palabra y en tu presencia. Amén. 

 

Recordemos: El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el Reino de Dios.

 

Actuemos: ¿Cuál es el compromiso que le resulta más difícil asumir? Intente realizarlo este día. ¿Cómo respondemos a la invitación de Jesús a seguirlo cada día? ¿Qué excusas o necesidades ponemos por delante?

 

Profundicemos: Jesús se dirige hacia Jerusalén, y envía a sus discípulos a prepararle el camino en un pueblo samaritano, pero son rechazados. Jesús habla sobre los riesgos y peligros que implica su seguimiento.

 

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