
Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Es interesante la contestación que le dan a Jesús, porque su persona creaba esa curiosidad en la gente de su tiempo, sobre quién es Él. Es fácil decir lo que los demás piensan sobre quién es él. Una vez escuchado lo que le dicen, Jesús hace la misma pregunta, pero esta vez, dirigida a los apóstoles: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Los apóstoles han sido elegidos por Jesús, caminan con él, son testigos de primera mano del anuncio del Reino de Dios y de las curaciones y milagros que hace; quién mejor que ellos para responder a su pregunta; sin embargo, es Pedro quien toma la delantera y le dice: “Tú eres el Mesías de Dios”. A lo que Jesús pide a sus discípulos no decir esto a nadie, y seguidamente les habla con claridad de lo que tendrá que padecer, ser rechazado, condenado y muerto…pero que resucitará al tercer día.
Recorramos un poco nuestra vida. Indudablemente en el trascurso de la misma, hemos vivido momentos felices, duros y tristes; quizá hasta nos hayamos alejado de Dios. Debemos ser valientes para ir al fonde de nuestro corazón y escuchar a Jesús que nos dice a cada uno: ¿Quién soy yo para ti? El darnos una respuesta nos continuará ayudando a crecer en la fe, que es tener confianza plena en él. Preguntémonos: En nuestra vida entretejida entre luces y sombras, ¿somos capaces de volver a Dios? Cuando hagamos nuestra oración sea en casa o en la Iglesia, digámosle quién es él para nosotros.
Señor Jesús, tú que oras en silencio y preguntas por tu identidad, concédenos la fe de Pedro para reconocerte como el Mesías de Dios. Danos valor para seguirte en la cruz de cada día y la esperanza firme en tu resurrección. Amén.
El compromiso con Jesús implica reconocer su identidad personal como el Mesías de Dios y aceptar el camino de la cruz, entendiendo que el seguimiento verdadero no busca el poder humano, sino la fidelidad a Dios a través del sufrimiento y la esperanza de la resurrección.
“El Hijo del hombre debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día” (Lc 9, 22).
Seguir a Jesús exige una decisión personal más allá de la opinión de los demás. Es una opción radical, seria, madura.


