25 de mayo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena”
(Jn 19, 25-34)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El pasaje del Evangelio según san Juan (Jn 19, 25-34) nos sitúa al pie de la cruz, en uno de los momentos más densos del relato de la pasión. Allí están la Madre de Jesús y el discípulo amado, figuras que representan a la comunidad creyente. Desde una perspectiva exegética, cuando Jesús dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo… ahí tienes a tu Madre”, no se trata solo de un gesto de cuidado filial, sino de la creación de una nueva familia, fundada en la fe. María aparece como Madre de los discípulos, y el discípulo amado como modelo de quien acoge esa maternidad. En este contexto, la cruz no es solo lugar de sufrimiento, sino también de revelación y de nacimiento de la Iglesia. El texto continúa con la afirmación de que Jesús, “sabiendo que todo estaba cumplido”, entrega el espíritu. El evangelista subraya así que la muerte de Jesús no es un hecho pasivo, sino un acto libre de entrega. Luego, el signo del costado traspasado, del cual brotan sangre y agua, ha sido interpretado teológicamente como símbolo de los sacramentos y de la vida nueva que nace de Cristo. Este detalle, propio del Evangelio de Juan, muestra que en la cruz se manifiesta plenamente el amor de Dios, un amor que se derrama y da vida. La muerte de Jesús, lejos de ser un fracaso, es el momento culminante de su misión salvadora. Este Evangelio nos invita a contemplar la cruz no solo como un signo de dolor, sino como fuente de vida y de comunión. María, de pie junto a la cruz, se convierte en modelo de fidelidad en medio del sufrimiento, y nos enseña a permanecer, incluso, cuando no entendemos todo. Al mismo tiempo, el discípulo amado nos muestra la actitud de acoger y cuidar, de construir comunidad desde el amor. Este texto es una llamada a descubrir que incluso en las experiencias más difíciles, Dios sigue obrando vida. Desde la cruz, Jesús nos sigue confiando unos a otros, invitándonos a ser familia, a sostenernos y a hacer visible su amor en medio del mundo.

Reflexionemos:

1. ¿Cómo estás viviendo tu fe al pie de la cruz, especialmente en los momentos de dolor o incomprensión? 2. ¿De qué manera estás acogiendo y construyendo comunidad como parte de la familia que nace del amor de Cristo?

Oremos:

Señor Jesús, al contemplar tu cruz reconozco tu amor que se entrega por mí; enséñame a permanecer fiel como María en los momentos de dolor y oscuridad; hazme acoger a los demás como hermanos en la familia que nace de tu amor; fortalece mi corazón para vivir la fe, incluso cuando no comprendo tu voluntad y que tu Espíritu me haga testigo de vida nueva y de comunión en el mundo. Amén.

Actuemos:

Recibo a María en mi vida cotidiana (mi “casa”), permitiendo que Ella sea mi guía, modelo de humildad y madre espiritual que me conduce a Jesús.

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