
En el Evangelio de hoy, Marcos cierra con la misión de los discípulos y la glorificación del Resucitado. Podemos identificar que la misión es universal. Jesús dice: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura”. Todo creyente está llamado a ser testigo de la resurrección, a ser testigos de la fe que se manifiesta en bautizar y anunciar el mensaje. Quien cree y se bautiza se salva, dice la Sagrada Escritura, pero también se nos señala la consecuencia de la incredulidad: quien no crea, será condenado, mostrando la importancia de la respuesta humana. Dios nos llama, nos da la gracia, pero también espera que le demos una respuesta libre a su invitación a creer. Jesús promete que los que crean realizarán señales concretas: expulsarán demonios, hablarán en nuevas lenguas, tomarán serpientes en sus manos sin que sufran daños y sanarán enfermos. Estas promesas revelan que la gracia de Cristo acompaña a los discípulos confirmando la misión de anunciar la Buena Nueva en medio del mundo con signos concretos que vienen del poder de Dios. San Marcos nos enseña que todos los creyentes están llamados a anunciar el Evangelio; que la misión se realiza con la autoridad y acompañamiento de Cristo, confirmando su palabra con signos, y que el acontecimiento de la Ascensión resalta la glorificación de Jesús y la continuidad de su obra a través de los discípulos. Por tanto, ser misionero hoy significa ser luz en medio de la oscuridad, ofreciendo un trato misericordioso y cercano a los demás, basando siempre nuestra acción en la oración, pues "nadie puede dar lo que no tiene".
Como cristiano que soy, ¿doy testimonio de mi con fe, anunciando con alegría la Resurrección de Cristo y confiando en su presencia activa en la misión encomendada?
Señor Jesús, para poder evangelizar necesito que seas el centro de mi vida. Ayúdame a que dé testimonio creíble de ti para que otros quieran conocerte, amarte y seguirte. Acompáñame siempre, para que mi vida sea un reflejo de tu Evangelio y muchos puedan creer y encontrar en ti la salvación. Amén.
Me convierto en voceros de Cristo a través de acciones diarias, testimonio de vida y compartiendo el amor de Dios en mi entorno.


