24 de mayo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo”
(Jn 20, 19-23)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El pasaje del Evangelio según san Juan (Jn 20, 19-23) nos sitúa en la tarde del primer día de la semana, en un contexto marcado por el miedo y el encierro de los discípulos. Las puertas están cerradas, pero Jesús Resucitado se hace presente en medio de ellos y les ofrece su saludo: “La paz esté con ustedes”. Desde una perspectiva exegética, este saludo no es solo una fórmula, sino un don pascual que transforma la situación de temor en una experiencia de encuentro. Jesús muestra sus manos y su costado, confirmando la continuidad entre el crucificado y el resucitado, y revelando que la paz que ofrece brota precisamente de su entrega en la cruz. En este mismo encuentro, Jesús confía a sus discípulos una misión: “Como el Padre me envió, así también los envío yo”. Luego sopla sobre ellos y les dice: “Reciban el Espíritu Santo”. Este gesto evoca la acción creadora de Dios y señala un nuevo comienzo: la comunidad es recreada por el Espíritu para continuar la obra de Jesús. Se manifiesta aquí el envío misionero de la Iglesia y el don del Espíritu como fuerza que capacita para perdonar los pecados. No se trata solo de una función, sino de participar en la misericordia de Dios que reconcilia y restaura. Para nuestra vida hoy, este Evangelio ofrece una palabra profundamente actual. Muchas veces también nosotros vivimos “a puertas cerradas”, atrapados por el miedo, la incertidumbre o la desconfianza. Sin embargo, el Resucitado sigue entrando en nuestras realidades para regalarnos su paz y enviarnos. Nos invita a pasar del encierro a la misión, del temor a la confianza. Para nosotros, este texto es una llamada a dejarse renovar por el Espíritu y a convertirse en instrumentos de reconciliación en medio del mundo. Recibir la paz de Cristo implica también compartirla, siendo testigos de su amor que sana, perdona y da vida nueva.

Reflexionemos:

1. ¿En qué situaciones de tu vida necesitas hoy acoger la paz de Cristo para superar el miedo o el encierro interior? 2. ¿Cómo puedes ser instrumento de reconciliación y de paz en tu familia y en tu entorno cotidiano?

Oremos:

Señor Jesús Resucitado, entra en mis miedos y en mis encierros y regálame tu paz que transforma el corazón; sopla sobre mí tu Espíritu Santo para que renueve mi vida y fortalezca mi fe en medio de la incertidumbre; envíame como testigo de tu amor para anunciar la esperanza y la reconciliación en el mundo; hazme instrumento de tu misericordia que sana, perdona y da vida nueva a quienes encuentro y que mi existencia sea siempre signo de tu presencia que vence todo temor. Amén.

Actuemos:

Me comprometo a no depender de mis propias fuerzas, sino a pedir y recibir el Espíritu Santo, permitiendo que Él me mueva a la acción y me dé la valentía para el testimonio.

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