
En este pasaje del Evangelio de Lucas, Jesús se dirige a la multitud con firmeza, llamándolos “hipócritas”. No lo hace para ofenderlos, sino para señalar una confusión profunda: están tan distraídos que son incapaces de comprender el proyecto de Dios y de discernir las señales que tienen justo delante. Jesús nos habla del tiempo presente, pero no como un simple calendario cronológico, sino como el tiempo del kairós: el momento propicio, la oportunidad única que Él nos trae para transformar nuestra vida. Para acentuar la urgencia de este llamado, utiliza una metáfora cotidiana –la de un juicio por deudas ante el sistema romano– instándonos a interpretar correctamente su ministerio, actuar en consecuencia y ponernos a cuentas con Dios a tiempo. Dios no calla; al contrario, se comunica constantemente a través de la creación, del cosmos, de los acontecimientos y de nuestra propia historia. El cristiano auténtico es aquel que aprende a leer esa voz en lo cotidiano: por ejemplo; en la enfermedad: nos preguntamos con fe: ¿qué me quieres decir, Señor?; en la alegría: reconocemos el don recibido y exclamamos: ¿cuánto tengo que agradecerte?; En un problema: renovamos nuestra confianza pensando; ¿cuánto necesito abandonarme en ti, Señor? Guiados por la gracia del Espíritu Santo, estamos llamados a encontrarle un sentido profundo a nuestro día a día: preguntarnos por qué nos esforzamos, por qué nos levantamos cada mañana y cuál es el plan de Dios para nosotros. Conocer a Dios y aprender a interpretar los signos de los tiempos nos libera de la angustia. Por eso, no perdemos la paz, sino que mantenemos la confianza; por eso, sepamos agradecer y así nos convertiremos en mensajeros de esperanza.
¿Estoy viviendo el día a día como un simple paso del tiempo o sé reconocer las oportunidades que Dios me da hoy para transformar mi vida?
Señor, líbrame de la ansiedad y del miedo. Concede a mi corazón la paz que viene de saber que estás conmigo y que guías mis pasos. Hazme dócil al Espíritu Santo para que, transformado por tu amor, pueda ser un verdadero mensajero de tu esperanza en medio del mundo. Amén.
Dedico unos minutos al final del día para revisar si hay algún perdón que debo otorgar, una reconciliación pendiente o un cambio de actitud que esté posponiendo en mi vida espiritual o familiar.
El Papa Francisco recordaba que muchas veces “somos expertos en mirar el clima, la tecnología, la economía o las tendencias del mundo, pero nos volvemos ciegos ante las cosas de Dios. Advertimos las señales externas, pero ignoramos cómo actúa Dios en nuestra historia”.
¿Cómo no saben interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no saben juzgar ustedes mismos lo que es justo?


