23 de mayo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Este es el discípulo que ha escrito esto, y su testimonio es verdadero”
(Jn 21, 20-25)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El pasaje del Evangelio según san Juan (Jn 21, 20-25) nos sitúa en la escena final del texto, después del diálogo entre Jesús y Pedro. Aquí aparece la figura del discípulo amado, y se plantea una inquietud: ¿Qué pasará con él? Desde una perspectiva exegética, la respuesta de Jesús, “si quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿qué te importa?”, no busca revelar el destino del otro, sino centrar a Pedro en su propio camino: “Tú, sígueme”. El texto subraya así que el discipulado es una llamada personal e intransferible. Cada uno tiene una historia única con Jesús, y no puede vivirla en comparación o competencia con los demás. El evangelista aclara, además, un malentendido que circulaba en la comunidad: no se trataba de que el discípulo amado no moriría, sino de una interpretación equivocada de las palabras de Jesús. Este detalle muestra cómo la comunidad joánica va madurando en la comprensión de la fe y en la transmisión del testimonio. Teológicamente, se destaca el valor del testigo: “este es el discípulo que da testimonio de estas cosas”. La fe cristiana se sostiene sobre un testimonio vivo, creíble, que ha visto y ha experimentado al Señor. Al mismo tiempo, el cierre del Evangelio reconoce que la riqueza de la vida y obra de Jesús desborda cualquier relato escrito. Para nuestra vida, este Evangelio nos invita a vivir un discipulado auténtico, sin comparaciones ni rivalidades. En una cultura donde fácilmente miramos el camino del otro, Jesús nos recuerda: “Tú, sígueme”. Es una llamada a la fidelidad personal, a descubrir la propia vocación y a recorrerla con confianza. También nos anima a ser testigos creíbles en medio del mundo, personas que, desde su experiencia con Cristo, puedan anunciarlo con la vida. Para los jóvenes y para toda la comunidad, este texto es una invitación a no distraerse en lo que hacen los demás, sino a fijar la mirada en Jesús y responder con generosidad a su llamada, sabiendo que cada historia, vivida en Él, tiene un valor único e irrepetible.

Reflexionemos:

1.1. ¿Estás viviendo tu camino de discipulado desde tu propia llamada, sin compararte con los demás? 2. ¿Cómo puedes ser hoy un testigo creíble de Jesús desde tu experiencia personal con Él?

Oremos:

Señor Jesús, ayúdame a seguirte con fidelidad desde mi propia historia; libérame de compararme con los demás y enséñame a confiar en tu llamada; hazme testigo auténtico de tu amor en lo sencillo de cada día; fortalece mi fe para caminar contigo con perseverancia y que mi vida refleje siempre la alegría de haberte encontrado. Amén.

Actuemos:

Decido servir a Dios y a los demás con el amor que he recibido, asumiendo la responsabilidad de ser fiel, incluso, cuando el camino implica, como a Pedro, dejar que Dios disponga de mí.

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