23 de Junio

“Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”

(Mateo 6, 19-24)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

San Mateo, inicia con este texto la conclusión del sermón de la montaña que hemos reflexionado en estos días y que termina con el mandamiento del amor. La invitación es a acumular tesoros eternos. Es decir, aquella persona que recibe gratuitamente los dones materiales y espirituales de Dios y los usa y los comparte con los demás sin esperar recompensa, está alimentando su vida, no solo material, sino espiritual. No acumula para sí, sino para el Reino de Dios. Esta persona está entrando en comunión permanente con Dios y con sus hermanos, especialmente los más necesitados. Si amamos pues las cosas materiales, moriremos con ellas. Si amamos las cosas de Dios, entraremos en la vida eterna.

 

Reflexionemos: Quien convierte los bienes materiales en “dioses”, se separa de su fuente que es Dios y de su fin que es compartirlos.

 

Oremos: Señor Jesús dame la sabiduría, para saber usar los bienes materiales y espirituales. Líbrame del egoísmo para poder compartir con generosidad, no dejes que me apegue a lo que perece. Amén. 

 

Actuemos: Hoy me examinaré interiormente, para saber a qué dioses estoy apegado materialmente. Hoy haré un acto de desprendimiento de algo que amo.

 

Recordemos: No atesoren tesoros en la tierra donde la polilla y la carcoma los roen.

 

Profundicemos: Si tu finalidad es Dios, te transformarás en Él. Si tu finalidad son tus ídolos te transformarás en ellos y te alejarás de Dios.

 

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