
En medio de la enseñanza sobre el reino de los cielos a tantos que le escuchan, surge la pregunta de los discípulos: ¿Por qué el uso de las parábolas? La respuesta del Maestro va más allá de hacerles sentir que son un grupo selecto privilegiado, apuntando a la responsabilidad que tienen ante el seguimiento; ser discípulos del reino exige aprender a “oír y entender” que es equivalente a “ver y oír”; esto no es opcional, sino requisito fundamental, porque lo que está en juego es el comprender la relación estrecha de esta dinámica con dar frutos y en esa medida, no convertirse en falsos profetas; es por ello que les recuerda: “muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”. El Evangelio nos pone de frente a los planes ocultos de Dios: “Al que tiene se le dará y tendrá de sobra y el que no tiene se le quitará hasta lo que no tiene”. El Señor hoy nos sitúa una vez más en la lógica de la acogida de su Palabra; no somos los poseedores del reino, seremos bienaventurados en la medida que lo acogemos y compartimos; si no, nos convertiremos en idealistas (falsos profetas) que no hacemos nada. He ahí la bienaventuranza del discípulo: “Oír y entender”. Quien acoge al Hijo en su vida tendrá la posibilidad de encontrar el don del reino a tal punto de dar y convidar, caso contrario quienes se niegan a dejarlo entrar en sus vidas; ya conocemos las consecuencias: el embotamiento que surge cuando llenamos la existencia de tantas cosas, apegos y afanes que impiden la acción sanadora y liberadora de la Palabra encarnada. Los discípulos del reino serán aquellos quienes vean el rostro y escuchen la voz del Padre en la pequeñez de Jesús y los hermanos.
¿Cómo entiendo mi relación con Jesús?
Espíritu Santo, te pedimos que vengas a transformar nuestro interior. Sana cualquier dureza, distracción o incredulidad que nos impida reconocer tu voz. Despeja nuestra mente y quita las vendas de nuestros ojos para que, en medio de nuestras rutinas podamos descubrir tu presencia viva y amorosa. Amén.
Comprometámonos a poner en práctica la Palabra para que el regalo de la fe crezca y se multiplique.
“Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron” (Mt 13, 17).
El entendimiento del reino de Dios depende directamente de la disposición y apertura del corazón de cada persona.


