23 de febrero

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

"Cada vez que lo hicieron con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron"
(Mt 25,31-46)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Este evangelio nos coloca frente al examen final del amor. Jesús no nos preguntará cuántas oraciones hicimos, cuántos títulos logramos o cuántos reconocimientos tuvimos, sino cuánto amor concreto ofrecimos al que tenía necesidad. El rostro de Cristo no aparece en lo espectacular, sino en lo frágil: en el pobre, el enfermo, el migrante, el que sufre en silencio, el olvidado. La medida del Reino no es la apariencia, sino la misericordia vivida. A veces pensamos que amar es algo grande y difícil, pero Jesús nos muestra que amar es hacerse cargo del dolor del otro, aunque sea con un gesto pequeño. Cada acto de compasión tiene valor eterno. El evangelio nos confronta: ¿cómo tratamos a quién nos incomoda, al que piensa distinto, al quién vive en la calle, al que llega a nuestra casa con problemas, al quien pide atención en nuestra comunidad? El amor cristiano no es teoría: es una forma de mirar, de tocar, de estar presente. La omisión —no hacer el bien que podemos— también pesa ante Dios. Jesús nos recuerda que ignorar al hermano es ignorarlo a Él. Pero esta Palabra no es una amenaza, sino una invitación a despertar: Dios se esconde en lo pequeño para que aprendamos a amar sin condiciones. El juicio final no será un castigo para nadie, sino la revelación plena de lo que realmente construimos con nuestra vida. El amor concreto es la llave del Reino. Lo que hacemos por amor nunca se pierde. Cada gesto de misericordia transforma el mundo y transforma nuestro corazón. Jesús nos espera en los pequeños de hoy. El evangelio nos invita a vivir atentos, sensibles, disponibles.

Reflexionemos:

¿A quién me está pidiendo Jesús que atienda, acompañe o escuche hoy? ¿Hay alguien cercano cuyo sufrimiento he ignorado o pospuesto? ¿Reconozco al Señor en los rostros más frágiles y vulnerables de mi entorno?

Oremos:

Señor Jesús, enséñame a reconocerte en el rostro concreto de quienes sufren, pasan angustia, privación material o sufren alguna necesidad espiritual. Amén.

Recordemos:

"Lo que hicieron con los más pequeños, a mí me lo hicieron".

Profundicemos:

La Palabra de Dios es el arma principal contra el tentador.

Libro Recomendado

Signos del presente y vida religiosa en América Latina

Saber más

Paulinas Colombia Ecuador
Calle 161 A No. 15 - 50 Bogotá - Colombia
Tel: +57 (601) 528 7444 
Cel: +57 313 887 1618
Correo: [email protected]
Cel: +57 315 345 7465

Conecta con nosotros en:

2025 Instituto Misionero Hijas de San Pablo - Paulinas
Paulinas Colombia
Todos los derechos reservados | web by nobacom.com
phone-handsetchevron-down