
Hoy la Palabra de Dios nos invita a profundizar en la identidad de Jesús como alimento espiritual y fuente de Vida Eterna, resaltando la iniciativa de Dios en la salvación. Jesús afirma que nadie puede venir a Él si no es atraído por el Padre. Esta acción divina es precedida por la enseñanza de las Escrituras: “Todos serán enseñados por Dios”. Involucra a la fe como respuesta a la gracia: Dios inicia el encuentro y el ser humano responde. Jesús es el único que ha visto al Padre y da testimonio verdadero. Él da Vida Eterna a quienes creen en Él. La comparación con el maná significa que este alimento físico bajado del cielo Dios lo proporcionó para alimentar al pueblo de Israel; ahora, Jesús se ofrece como alimento espiritual duradero; Él es el nuevo Cordero Pascual que es inmolado para darnos vida a todos. Es un nuevo Éxodo, Jesús es el nuevo y verdadero Pan bajado del cielo para ser nuestro alimento y darnos vida eternamente. San Juan enseña en este texto que la fe es respuesta a la iniciativa de Dios, que atrae al ser humano hacia Él. Jesús es el Pan de Vida que ofrece sustento espiritual y Vida Eterna. La salvación es un don divino y es posible en la medida en que creamos y recibamos a Jesús en nuestro corazón. Por tanto, como el cuerpo es sostenido por el alimento, así nuestra alma necesita de la Eucaristía. Cristo baja del cielo al altar, por manos del sacerdote. Viene a nosotros y espera que también nosotros vayamos a Él.
¿Reconozco a Jesús como verdadero alimento de mi alma, mi fuente de vida duradera?
Señor Jesús, ayúdame a reconocerte como Pan vivo bajado del cielo. Dame la gracia de alimentarme siempre de ese Pan para tener la Vida Eterna. Amén.
Reconozco a Jesús Eucaristía no solo como símbolo, sino como alimento real para mi espíritu.


