22 de Marzo

Santa Elea, viuda
Gn 37, 3-4. 12-13a. 17b-28 / Sal 104, 16-21 / Mt 21, 33-43. 45-46. Feria. Morado.

“Este es el heredero: vamos a matarlo y nos apoderamos de su herencia”

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “Escuchen otra parábola: Había un dueño de casa que plantó una viña y la rodeó con una cerca; cavó en ella un lagar y construyó una torre; la arrendó a unos agricultores y se fue de viaje. Cuando llegó el tiempo de recoger los frutos, envió a sus siervos a donde estaban los agricultores, para recibir los frutos que le correspondían. Pero los agricultores agarraron a los siervos. A uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon. Volvió a enviar a otros siervos, más numerosos que los primeros, e hicieron con ellos lo mismo. Finalmente les envió a su hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero, cuando vieron al hijo, los agricultores se dijeron: ‘Este es el heredero. ¡Vamos, matémoslo para quedarnos con su herencia!’. Entonces lo agarraron, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando regrese el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos agricultores?”. Le dijeron: “A esos malvados los hará morir cruelmente y arrendará la viña a otros agricultores que le entreguen los frutos a su tiempo”. Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en las Escrituras: ‘La piedra que desecharon los constructores se convirtió en piedra angular. Es el Señor quien lo hizo y es maravilloso ante nuestros ojos?’. Por eso les digo: A ustedes se les quitará el reino de Dios y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino”.Cuando los sumos sacerdotes y los fariseos escucharon sus parábolas, se dieron cuenta que Él estaba hablando sobre ellos. Entonces trataron de apoderarse de Él, pero tuvieron miedo a las multitudes, porque lo consideraban un profeta.

Los viñadores del evangelio, asesinan al hijo del dueño, para apoderarse de su herencia. Ahí está la clave del pecado: la voluntad de apoderarse, generalmente por la fuerza, del don de Dios. No saber acoger gratuitamente, sino querer forzar la mano de Dios. Y lo que generalmente esa voluntad de conquista produce es un ídolo, porque es el deseo impuro del corazón humano que se fabrica imágenes falsas de Dios, que no dejan a Dios ser Dios. Lo contrario del pecado radical es la humildad, que los místicos han definido como la base de todas las virtudes: porque ella acoge agradecidamente lo que Dios da.

¿Hemos aprendido a acoger el don de Dios?