
El itinerario cuaresmal que hemos iniciado el Miércoles de Ceniza nos lleva a vivir el quinto domingo de Cuaresma con un espíritu nuevo, después de haber atravesado el desierto de nuestra propia existencia, de haber contemplado el misterio de la manifestación de Dios en el monte, de habernos encontrado al borde del pozo con el Señor para hacer experiencia junto a Él del agua viva y de haberle encontrado al borde del camino en medio de nuestras cegueras donde se nos ha devuelto a la gracia. Hoy, Betania es el lugar del encuentro con el Señor, porque la muerte no puede vencer la luz, porque el dolor acontece como el paso de Dios en medio de nuestra propia historia para darle mayor plenitud a nuestra vida, porque el Maestro también llora y ama a sus amigos; de ahí que la manifestación de la fe sea visibilizada con la resurrección de Lázaro, quien había muerto y ya había sido enterrado. Betania es el lugar de encuentro de este tiempo de preparación antes de celebrar el misterio del Triduo Pascual. Lázaro es el signo de un misterio que acontecerá en Jerusalén y que representa el poder absoluto de Jesús sobre la muerte y el pecado, anticipando su propia resurrección. De la hermana de Lázaro –María–, el autor sagrado nos recuerda que ella era la que había ungido el carísimo perfume en los pies de Jesús. La muerte de Lázaro se convierte en una ocasión de dolor que viven Marta y María, las hermanas de Lázaro, para manifestar su gloria, para que cuando Él resucite los creyentes tengan la esperanza puesta en Dios, autor de la vida y vencedor de la muerte. Los sentimientos colocados por el autor en los personajes principales son muy humanos. No solo lloran María y Marta, las hermanas de Lázaro, sino que también llora Jesús ante la muerte de su amigo porque Él se siente el sufrimiento humano y lo asume como suyo haciéndolo cercano. Pero a la vez, su condición divina como enviado del Padre y la acción portentosa de resucitar a su amigo Lázaro, manifiestan su gloria y su poder.
Betania es el lugar del encuentro de quien ama, de quien experimenta el dolor, de quien cree. ¿Cuál puede ser la Betania de mi vida y mi existencia?
Señor Jesús, aumente mi fe, para vivir el dolor y la muerte no como sufrimientos, sino como pasos necesarios para vivir contigo eternamente en un gozo que no acabará nunca. Te pido que estos días que nos preparan para vivir contigo el Misterio Pascual, me ayuden a continuar mi vida a tu lado, escuchando tu llamada de la muerte a la vida; comprendiendo qué me ata y no me deja caminar hacia ti. Como Marta y María, abro mi corazón para que llegues a mi vida, te hospedes en Él y allí te quedes para siempre. Amén.
¿Cuáles han sido los sentimientos y las reacciones que he vivido ante el dolor y la muerte que he experimentado con mis seres queridos?


