22 de enero

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Los espíritus inmundos gritaban: Tú eres el Hijo de Dios”
(Mc 3, 7-12)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Vamos a recordar lo que el Papa Francisco nos decía al comentar este precioso evangelio: “la gente seguía a Jesús buscando sanación y liberación de los demonios, porque Jesús es el lugar donde encontramos descanso y alivio para nuestras cargas y sufrimientos. Aprendamos a llevarle a Él nuestras penas, busquemos momentos de paz para orar y abrirle el corazón a Jesús, alejados de la prisa. Pero no lo busquemos solo para pedirle bienes materiales sino para encontrarnos con El, descansar en su amor y permitir que su gracia renueve nuestras fuerzas y transforme nuestras vidas, así como transforma el desierto en fuentes de agua. Los espíritus inmundos al ver a Jesús lo reconocían como el "Hijo de Dios”. Él los hacía callar para que la gente no se confundiera; pero el Papa sostiene que esta es una confesión de fe fundamental. Significa que seguir a Jesús implica reconocerlo como el centro de nuestra vida, no solo como un sanador, sino como el Salvador que nos llama a una relación más profunda con Él y a hacer la voluntad del Padre. La invitación del Papa es a que sigamos a Jesús con fe genuina, para que encontremos en Él la fuerza para superar nuestras dificultades y seguir la voluntad de Dios en todo momento de nuestra vida.

Reflexionemos:

¿Busco a Jesús solo cuando necesito algo, o busco conocer su corazón? ¿Mi fe se basa en lo espectacular o en la verdad de lo que en realidad es Jesús? ¿Me dejo impresionar por la popularidad o busco a Jesús para encontrar en Él a Dios que vino a salvarnos? ¿Deseo de corazón un encuentro personal y profundo con Jesús?

Oremos:

Señor Jesús, yo te busco de corazón, quiero vivir en intima comunión contigo; quiero dejarme conquistar por tu amor. Dame la luz que necesito para reconocer aquello que me puede apartar de tu gracia. Amén.

Actuemos:

Quiero meditar cada día el Evangelio para conocer mejor a Jesús y seguirlo como al Hijo de Dios, mi Salvador.

Recordemos:

Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero él les mandaba enérgicamente que no lo descubrieran.

Profundicemos:

Jesús no es un mero maestro de doctrina, sino la experiencia viva de Dios; su forma de actuar y curar muestra el amor misericordioso de Dios. La insistencia de Jesús en que los espíritus no lo revelen es un llamado a un discernimiento profundo, a no buscar señales espectaculares, sino a encontrar a Dios en la sencillez de su vida y mensaje (José Antonio Pagola).

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