
Queridos hermanos, hoy el Evangelio nos muestra a Jesús en actitud de oración: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra”. Es un momento íntimo, donde el Hijo se dirige al Padre con confianza y gratitud. En esta oración descubrimos el corazón de Jesús, que se alegra porque el Padre revela sus misterios no a los sabios según el mundo, sino a los pequeños y sencillos. Dios se complace en manifestarse a quienes tienen un corazón humilde, libre de soberbia y abierto a la fe. Esos “pequeños” son los que reconocen su necesidad de Dios y se dejan guiar por Él. Santa Laura Montoya, cuya memoria celebramos hoy, fue una mujer sencilla y valiente que entregó su vida a anunciar el Evangelio a los más olvidados, especialmente a los pueblos indígenas. Ella comprendió que el Reino se revela en los corazones humildes y que la misión nace de la confianza en el Padre. Jesús también nos habla de nuestro cansancio y agobio: “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré”. ¿Cuántas veces sentimos el peso de la vida, el estrés, la carga de las preocupaciones? El Señor nos invita a descansar en Él, a encontrar alivio en su corazón manso y humilde. No es un descanso superficial, sino un encuentro profundo que renueva y fortalece. Hoy, inspirados por santa Laura Montoya, pidamos al Señor un corazón sencillo y humilde, capaz de acoger su revelación y de descansar en su amor. Que aprendamos de Jesús a vivir en confianza con el Padre, y de santa Laura a servir con alegría a los más pequeños y olvidados.
¿Cómo es mi relación con el Padre? ¿Reconozco en mi vida los motivos para dar gracias, incluso, en medio de las dificultades?
Señor Jesús, tú que revelas los secretos del Reino a los pequeños y sencillos, hazme humilde para acoger tu Palabra con confianza. En medio de mis cansancios y agobios, llévame a tu corazón manso y humilde, donde encuentre descanso y paz verdadera. Amén.
Durante la jornada dedico un momento para dar gracias al Padre, por la vida, la familia, la salud, el trabajo e incluso, por lo más pequeño.
El Papa Francisco en su homilía el día de la canonización de santa Laura dijo: “Esta primera santa colombiana, nos enseña a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo… nos enseña a acoger a todos sin prejuicios, sin discriminación, sin reticencia, con auténtico amor, dándoles lo mejor de nosotros mismos y, sobre todo, compartiendo con ellos lo más valioso que tenemos”.
Que el Señor nos conceda la gracia de ser pequeños en el mundo, pero grandes en la fe, para que en Él encontremos siempre descanso y fuerza para la misión.


