
La liturgia de la Palabra de la cuarta semana de Cuaresma finaliza con la narración del Evangelista Juan que acentúa la identidad de Jesús para la gente. Para algunos, Jesús es un profeta, además, escuchando sus enseñanzas han percibido su relación con el profetismo judío; para otros, Jesús es el Mesías porque también esperaban la liberación del pueblo de Israel y el cumplimiento de las promesas mesiánicas, Jesús, por la forma de su predicación, era quien podía encarnar esta figura. Sin embargo, para otros les resulta desconcertante identificar a Jesús como Mesías por sus raíces, porque tenían claro que el Mesías sería descendiente del rey David. Todas las enseñanzas que Jesús realizó como profeta y como Mesías tuvieron entre los suyos una acogida que causó una dura confrontación; de ahí, el deseo de prenderlo. Pero esto no le competía al pueblo sino a los sumos sacerdotes. Incluso estos reconocían en Jesús a un hombre admirable, especialmente por su forma de hablar con sabiduría. Entre ellos mismos decían: “Jamás ha hablado nadie como ese hombre”. De fondo, para el mundo judío desde la corriente farisea, Jesús ha colocado en entredicho la esencia de la ley que buscaba rigurosamente su cumplimento en torno al templo y la tradición sacerdotal. Nicodemo, quien irá al encuentro de Jesús en una noche, lo admira por sus palabras y acciones. Tal vez el fariseísmo no le permite confesar abiertamente su adhesión a esta corriente, pero su corazón ha sintonizado ya con el de Jesús. Los judíos se oponen a Cristo, a sus enseñanzas, y se ofuscan a las prescripciones que seguían muy al pie de la letra. Nicodemo los exhorta a que interroguen a Jesús y a conocerlo primero antes de despreciarlo completamente. Nicodemo cree y los quiere iluminar: los invita y los dirige hacia la luz de la verdad que es Jesús esperando que se provoque en ellos, como le sucedió a él, un nuevo nacimiento.
En el camino de nuestra vida cristiana, ¿colocamos el acento de nuestras vivencias sobre el cumplimiento de las prácticas y ritos o sobre la persona de Jesús?
Señor Jesús, la Palabra me revela el camino de tus acciones; permite que mi corazón se enamore de ti. Haz que mi vida cristiana sea una verdadera escuela de discipulado, para que con mi propio testimonio de vida, muchos lleguen a ti. Enséñame a ser un testigo de tu mensaje de amor en medio de quienes me rodean. Amén.
La persona de Jesús había tocado hace mucho tiempo el corazón de Nicodemo, pero las realidades personales, familiares y de su propio entorno social, político y religioso no le permitían confesar y profesar su fe al Maestro coherentemente. Por tanto, ¿vivo en mi camino de discipulado la experiencia de Nicodemo?


