
El Evangelio nos presenta a Mateo en donde los fariseos se reúnen para poner a prueba a Jesús. Uno de ellos, un doctor de la ley, le dirige esta pregunta: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la ley?”. Jesús no duda, y responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Y añade: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Pero Jesús quiere hacer entender que sin el amor por Dios y por el prójimo, no hay verdadera fidelidad a esta alianza con el Señor. El amor a Dios se reconoce cuando servimos, ayudamos y sentimos que Él está presente también en el prójimo. Ese es el verdadero amor; no basta únicamente con rezar o participar los domingos en la Santa Misa si no estamos dispuestos a servir y dar la vida por los demás.
Es bueno reflexionar en este día: me amo a mi mismo, me cuido, me perdono, porque en la medida que me amo y descubro a Dios en mi vida, en esa misma medida amo a las personas.
Espíritu Santo, cura mis complejos, mis miedos y mis inseguridades. Sáname y purifícame con el fuego de tu amor para poder perdonar y amar a los demás. Amén.
Entreguemos todo el corazón, el alma y la mente a Dios, dándole el primer lugar en la vida diaria. Igualmente, tratemos y cuidemos a los demás de la misma manera que nos cuidamos a nosotros mismos, sin hacer diferencias ni exclusiones.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu” (Mt 22, 37).
El mandamiento mayor y primero es amar a Dios con todo el corazón, el alma y la mente, y el segundo es amar al prójimo como a uno mismo, de los cuales dependen toda la ley y los profetas.


