20 de mayo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Que sean uno, como nosotros”
(Jn 17, 11b-19)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El texto de Juan 17, 11b-19 forma parte de la llamada oración sacerdotal de Jesús, pronunciada en el contexto de la Última Cena, dentro del gran discurso de despedida que abarca los capítulos 13 al 17 del Evangelio. Después de lavar los pies a sus discípulos y de hablarles sobre el amor, el Espíritu y la permanencia en Él, Jesús se dirige al Padre en una oración profunda. En esta sección, el Señor ya no habla solo de sí mismo, sino que intercede de manera especial por sus discípulos, aquellos que permanecerán en el mundo para continuar su misión. Es el momento en que Jesús, consciente de su partida, confía al Padre la vida y la fidelidad de quienes lo han seguido. Este pasaje subraya dos ideas fundamentales: la protección y la consagración de los discípulos. Jesús pide al Padre que los “guarde en su nombre” para que permanezcan en la unidad, reflejo de la misma comunión que existe entre el Padre y el Hijo. También afirma que los discípulos están en el mundo, pero no pertenecen al mundo, es decir, no comparten la lógica de la mentira, del egoísmo y de la violencia que tantas veces marcan la historia humana. Por eso Jesús pide: “Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad”. La consagración no significa alejarlos de la realidad, sino dedicarlos plenamente a Dios para una misión: así como el Padre envió a Jesús al mundo, también Jesús envía a sus discípulos. Esta oración de Jesús es un gran consuelo para la vida cristiana. Antes de partir, el Señor ora por los suyos, y esa oración continúa alcanzando también nuestra vida hoy. En medio de un mundo que muchas veces presenta desafíos a la fe, Jesús no pide que seamos retirados de la realidad, sino que permanezcamos en ella como testigos de la verdad y del amor de Dios. Cada bautizado está llamado a vivir esa consagración: permanecer en la Palabra, cuidar la unidad y anunciar el Evangelio con la vida. Saber que Jesús ha orado por nosotros nos da fuerza para caminar con esperanza, sabiendo que el Padre nos sostiene en la misión de llevar su luz al mundo.

Reflexionemos:

1. ¿Cómo estás viviendo tu compromiso con Dios: en medio del mundo siendo testigo de la verdad y del amor de Dios? 2. ¿Qué puedes hacer para cuidar la unidad y permanecer fiel a la Palabra de Jesús en tu vida diaria?

Oremos:

Señor Jesús, gracias porque oras por mí y me confías al amor del Padre; conságrame en la verdad de tu palabra para vivir con fidelidad en el mundo; ayúdame a ser testigo de tu amor en medio de las dificultades; fortalece en mí el deseo de cuidar la unidad y la comunión y haz de mi vida un signo de tu luz y tu esperanza. Amén.

Actuemos:

Acepto mi lugar en el mundo como enviado, orando para que el Padre me guarde en su nombre mientras cumplo mi misión, así como Jesús oró por sus discípulos.

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