20 de junio

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“No se agobien por el mañana”
(Mt 6, 24-34)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Todos tenemos necesidad de realizar opciones fundamentales que marcan el destino de nuestra vida. Hoy las palabras de Jesús nos hacen volver a lo que es la raíz de nuestra fe. “No pueden servir a dos señores”. “No pueden servir a Dios y al dinero”. Centrémonos en la experiencia del servicio, recordando las palabras de san Pablo: “Jesús, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomo la condición de esclavo”. El Señor se hizo servidor de los hombres para enseñarnos con su propia vida lo que conlleva el servicio. Nosotros, como creaturas, estamos llamados a servir a Dios en una entrega constante y generosa por amor a los hermanos. También el Evangelio nos advierte del peligro que se corre cuando damos el primer lugar a las riquezas y no a Dios. El dinero y las cosas materiales están puestas a nuestro servicio para que con ellas realicemos el mayor bien y no para que nos dejemos esclavizar por ellas. Dios cuida de nosotros, por tanto, estamos llamados a poner nuestra confianza en Él, que como Padre providente, sabe de qué estamos necesitados. Él nos permite ordenar nuestra vida para que alcancemos la paz y la felicidad que el Señor nos quiere dar.

Reflexionemos:

Como cristianos debemos preocuparnos por “buscar el reino de Dios y su justicia, ya que lo demás nos vendrá por añadidura”. Preguntémonos: ¿Cómo estoy usando los bienes materiales que el Señor me ha permitido alcanzar? ¿Dios ocupa el primer lugar en mi corazón? ¿Confío en su Providencia o dejo que las preocupaciones materiales me quiten la paz?

Oremos:

Dios de la vida, concédeme la gracia de purificar mis sentimientos para dejar que en mi corazón tú ocupes el primer lugar confiando en tu divina Providencia. Amén.

Actuemos:

En la medida en que Dios reine entre nosotros podemos despojarnos de angustias, preocupaciones y de todo aquello que nos empobrece.

Recordemos:

“No se inquieten entonces, diciendo: ‘¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?’. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan” (Mt 6, 31-32).

Profundicemos:

Al personificar el dinero o las riquezas, el Señor señala que los bienes materiales pueden convertirse en un falso dios. La riqueza en sí no es un mal, pero el apego desordenado a ella esclaviza al ser humano y lo aparta del Creador.

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