
Es hermoso ver cómo Jesús comprende la necesidad de sus discípulos y les permite recoger espigas para calmar su hambre, aunque sea día sábado; y a los fariseos que lo critican por ello, les aclara que el “sábado es para el hombre, y no el hombre para el sábado”. Mientras los fariseos dan importancia a la letra de la Ley que prohíbe trabajar en día sábado, Jesús, recordándoles el testimonio de David, les muestra que el amor y la necesidad de las personas tiene la prioridad. El sábado es un día para favorecer la vida y la misericordia y no para la prohibición y la condena. Y Jesús concluye con estas palabras: “el Hijo del hombre es también Señor del Sábado”, diciendo así Jesús afirma que tiene autoridad divina para interpretar la Ley a la luz del amor y la misericordia. Acojamos la mentalidad nueva de Jesús y examinemos si nuestras relaciones se rigen por la prohibición y la dureza, o por la compasión y la ternura.
¿Cómo suele ser mi mirada hacia el actuar de los demás: enjuiciadora y dura o respetuosa y compasiva? ¿Cómo me siento cuando soy juzgado sin respeto y dureza? ¿Qué me pide cambiar el Señor en mi relación son los otros?
Gracias Señor, porque miras mi fragilidad con compasión y ternura. Pon en mi corazón tu mirada misericordiosa, para que mis relaciones sean para otros, motivo de alivio y de consuelo. Amén.
Quiero alimentar sentimientos de bondad y compasión hacia todos, para no juzgar ni ser motivo de sufrimiento para quienes viven a mi lado.
Y Jesús concluyó: 'El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Sepan, pues, que el Hijo del Hombre también es dueño del sábado.
Jesús nos invita a “No Juzgar” sino a tener una "mirada limpia" sobre los demás, a no ser duros, sino a mirar los límites propios y ajenos con ternura, y no a desgastar energías en lamentos, sino a tender la mano (Papa Francisco).


