20 de diciembre

“Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo”

(Lc 1, 26-38)

El ángel Gabriel continúa siendo el mensajero de buenas noticias y hoy acompaña el misterio del anuncio junto a María, Nuestra Señora del Adviento, de la Dulce Espera. De las palabras colocadas por el autor sagrado, en el texto de Lucas, detengámonos en la expresión “No temas”, que a la vez ha sido común para José y Zacarías con la característica particular para María hoy: “Porque has encontrado gracia ante Dios”. El temor es connatural a la condición humana y hay muchas connotaciones del temor. Un temor sano y natural es aquel que nos alerta del peligro y activa nuestras facultades para el cuidado de la vida. A la base del temor hay una sana dependencia, y en ese sentido el temor de los niños se afianza en la confianza y seguridad que sus padres o tutores puedan infundir en los pequeños. Hay temores que no son sanos y pueden causar ansiedad en la persona o generar patologías. Sin embargo, el temor desde la experiencia de fe y la dimensión espiritual invita a la persona a acoger la novedad del misterio de Dios en la vida, es la condición de sentirnos amados y llamados, y a la vez es la conciencia de contemplar lo que nosotros mismos somos, de hecho, María le dice al ángel: “¿Cómo será eso?” Es el reconocimiento de sí misma que hace a la persona consciente del don y la abre a la gracia, la lanza a lo que humanamente no le es posible comprender, la lleva a ser instrumento de lo que para Dios si es posible. Es una experiencia que de parte de la persona implica riesgo, opciones fundamentales y radicales, de lo contrario, nunca tantos hombres y mujeres hubiesen escrito historias como la de María, que hizo posible la encarnación del Hijo de Dios en su ser de mujer joven, porque la experiencia de su temor danzó junto a la gracia de Dios en la entrega y la confianza.

 

Reflexionemos: A María la caracteriza la disponibilidad y prontitud. ¿Qué tan disponible permanezco al proyecto de Dios en mi vida?

 

Oremos: Padre bueno y Dios de la vida, concédeme la gracia de permanecer disponible a los designios del Padre, que no tarde tanto en responder a su llamado.

 

Actuemos: En un momento de oración e interiorización del texto del Evangelio escribo el mayor riesgo asumido en mi vida entre la conciencia del temor y la gracia del don.

 

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