20 de abril

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Trabajen no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna”
(Jn 6,22-29)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El Evangelio de hoy hace referencia sobre el verdadero alimento y la obra de Dios. Este pasaje continúa el discurso tras la multiplicación de los panes y aborda la fe en Jesús como fuente de Vida Eterna. La multitud cruza el mar de Galilea buscando a Jesús después del milagro. Lo encuentran y le preguntan: “¿Cuándo llegaste aquí?”. Lo curioso es que la gente muestra más interés en los signos que realiza que en su enseñanza. Jesús los confronta diciéndoles que no deben buscarlo solo por alimento material, sino por lo que da la vida verdadera, ratificando así que la verdadera búsqueda es y debe ser espiritual, no solo física. El Señor les dice: “No trabajen por el alimento que perece, sino por el que dura para la Vida Eterna”. Él es enviado por Dios para realizar la obra del Padre, para ofrecer vida eterna a los que creen. Su misión no es satisfacer apetitos temporales, sino ofrecer salvación. Con sus milagros, Jesús busca que las personas capten su presencia, su misterio, su misión. Jesús los va conduciendo poco a poco, con paciencia, hacia la verdadera fe, para “que crean en el que Dios ha enviado”, señalando que la fe en Él, en Jesús, es la verdadera obra que agrada a Dios. En síntesis, la vida del cristiano está motivada por el deseo de encontrarse con Jesús; es Él la última esperanza y el deseo de nuestro corazón. Por eso, no importa cuánto haya que caminar o sufrir porque hay una meta y una esperanza. Jesús lo es todo; es la razón de nuestro existir.

Reflexionemos:

¿Logro descubrir en mi vida las auténticas motivaciones que tengo para seguir a Jesús? ¿Soy capaz de ver la mano de Dios en mi vida cotidiana más allá de los milagros que espero?

Oremos:

Señor Jesús, ayúdame a buscarte a ti, pan de vida y fuente de mi fe, para que crea y el mundo crea que tú eres el Enviado de Dios. Enséñame a no trabajar únicamente por el alimento que perece, sino por aquel que perdura para la Vida Eterna. Amén.

Actuemos:

Asumo un compromiso de formación constante en la fe, la lectura orante de la Palabra de Dios, la oración personal y comunitaria, la participación en los sacramentos y las obras de caridad.

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