02 de abril

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Los amó hasta el extremo”
(Jn 13, 1-17)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El Evangelio de hoy nos narra el lavatorio de los pies, un gesto profundamente simbólico realizado por Jesús durante la Última Cena. En el Evangelio de Juan, este acto sustituye el relato explícito de la institución de la Eucaristía y se convierte en el centro del mensaje. Aquí aparece Jesús de Nazaret realizando una tarea propia de los esclavos: le lava los pies a sus discípulos. Jesús “sabiendo que había llegado su hora…”, actúa con plena conciencia de su misión. El verbo “amar hasta el extremo” (v.1) anticipa el momento cumbre de la cruz. Cuando el texto nos relata que el Señor se quitó el manto, este gesto simboliza la entrega –es decir, anticipa el acto de entregar su vida por nosotros– revelando así que el servicio no es solo un acto de humildad moral, sino revelación del modo de ser de Dios: el Señor se abaja ante el ser humano, amándolo hasta el extremo. Pedro no acepta que su Señor adopte una posición tan baja. Jesús responde que, “si no se deja lavar, no tendrá parte con Él”. Esto puede indicar que el lavatorio de los pies simboliza una purificación interior. Esto quiere decir que para seguir a Cristo hay que aceptar ser servidos primero por Él. Estamos llamados, por consiguiente, a acoger su gracia divina. Jesús concluye diciendo: “Les he dado ejemplo, para que hagan lo mismo”. Aquí no se trata solo de repetir un rito, sino de asumir un estilo de vida. En otras palabras, esto quiere decir que la autoridad cristiana es sinónimo de servicio, que la grandeza se mide por la capacidad de amar y que el discípulo no es más que su Señor. El texto nos revela que el verdadero poder es el amor que sirve y que la gloria de Jesús no es dominio, sino entrega. Jesús nos enseña que amar no es un estado emotivo o un sentimiento: es donarse. De este modo, lavarnos los pies equivale a vivir en el amor, sirviendo uno al otro con total desinterés. Nada tenía que darnos Jesús. No solo se habrá de humillar de esta manera, sino que se dará como alimento en la Eucaristía y como Víctima por nuestros pecados en la Cruz.

Reflexionemos:

En la liturgia de hoy, el lavatorio de los pies es un signo que nos invita a imitar la actitud de entrega de Jesús que representa el “nuevo mandamiento” de amar y servir a los demás. ¿Estoy dispuesto a servir con humildad a los demás, incluso, cuando implique rebajar mi propio orgullo? ¿Me cuesta aceptar el servicio? ¿Qué mantos debo quitarme? ¿A quién debo lavarle los pies hoy?

Oremos:

Señor Jesús, gracias porque no has venido a ser servido, sino a servir y a dar tu vida por nosotros. Al arrodillarte ante tus discípulos y lavar sus pies, me enseñas la verdadera grandeza de la humildad. Gracias por este gesto de amor tierno. Dame la capacidad de seguir tu ejemplo sirviendo a los demás. Amén

Actuemos:

Reconozco que el verdadero liderazgo radica en la capacidad de servir a los demás, dejando de lado la soberbia y el deseo de dominio.

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