2 de Abril

«acaso va a venir de galilea el Mesías «

(Juan 7, 40-53)

 

Permitamos que la Palabra del Señor toque nuestra vida.

El evangelio nos presenta hoy a los judíos que dudan del origen divino de Cristo. Basándose en las Escrituras, aseguran que no puede ser ÉL Mesías, porque ellos conocían sus orígenes sabían que era de Nazaret, y el profeta decía que el Mesías vendría de Belén, la ciudad de David. Esto les hace oponerse a Cristo, a sus enseñanzas, y porque toman al pie de la letra las escrituras santas.

Nicodemo los exhorta a conocer personalmente a Jesús y a escucharlo sin prejuicios ante de rechazarlo. A través de Nicodemo Dios les esta invitando a dejar entrar a Jesús en sus corazones; pero ellos han endurecido el corazón y no quieren escuchar la vos de Dios, odian a Jesús y en vez de creer en El acaban despreciando también Nicodemo.

 

Reflexionemos:

Es bueno preguntarnos: ¿Yo creo en Jesús?, ¿Le doy espacio en mi corazón?, ¿acepto las luces y ayudas que me ofrece para llegar a un encuentro personal con Él?. Señor hazme sensible y dócil a las ayudas que me ofrece para llegar a Ti.

 

Oremos:

Señor no permitas que se endurezca nuestro corazón, ayúdanos a escuchar las voces y a aceptar los signos de tu presencia y de tu amor; queremos conocerte, amarte y seguirte de todo corazón. Amén.

 

Recordemos:

Nicodemo, el que ya antes había ido a entrevistarse con Jesús y que también era fariseo, les dijo: «Nuestra ley no condena a nadie sin haberlo escuchado antes y haber averiguado qué es lo que hace». Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de galilea no salen profetas». Y cada uno se fue a su casa.

 

Actuemos:

Quiero escuchar la voz de Dios en las personas que Él pone en camino para ayudarme a crecer en mi camino de fe.

 

Profundicemos:

Cuales quiera que sean las razones por las que la gente rechaza a Jesucristo, su rechazo tiene consecuencias eternas desastrosas. «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4: 12).

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