
El sembrador es Dios, la semilla es su Palabra, los diversos tipos de terreno, cada uno de nosotros, pero es necesario, agradecer la generosidad de Dios que no niega su semilla a ninguna clase de terreno. Y de nuestra parte, sabemos que no siempre somos químicamente puros en ser tierra fértil, o tierra pedregosa. Cada uno a lo largo de nuestra vida, somos a veces, esa tierra árida, fértil o pedregosa. Pero por parte de Dios, no nos niega la semilla que es su Palabra y que crece por sí sola. Pero está en nosotros el hacer fructificar esta semilla, ya que no podemos quedar indiferentes; el haber recibido la semilla, nos lleva al compromiso y a no quedarnos en lo meramente cultual, en el cumplimiento o en actitudes externas que no nos comprometen de verdad, a seguir anunciando el Reino de Dios a nuestros hermanos.
Jesús, a nadie, niega su Palabra, somos nosotros los que a veces nos cerramos a ella. El Señor nos precedió con su ejemplo, y nadie mejor que él que sufrió críticas, incomprensión y hasta rechazo, puede ayudarnos a sobrellevar con esperanza activa lo que conlleva anunciar su palabra. Preguntémonos: ¿Pedimos a Dios que nos ayude a superar nuestra inconstancia y a veces la superficialidad, para que su Palabra penetre en el fondo de nuestra vida y de nuestro corazón?
Señor Jesús, haz que mi corazón sea como la tierra buena. Dame un espíritu noble y generoso para escuchar tu palabra, guardarla con fe y dar frutos buenos con mi paciencia y constancia de cada día. Amén.
Es necesario escuchar la Palabra de Dios con un corazón honesto, retenerla con firmeza y dejar que transforme la vida diaria para producir frutos duraderos a pesar de las dificultades.
“Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia” (Lc 8, 15).
La semilla es la palabra de Dios y los cuatro terrenos representan las diferentes actitudes del corazón humano al recibirla: el borde del camino (descuido), la piedra (superficialidad), los espinos (distracciones) y la tierra buena (perseverancia que da fruto).


